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Nuestro poder de decidir... para educar

Esta semana se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, con una mezcla agridulce sobre lo que ocurre en nuestras sociedades.
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Sin duda, uno de los principales problemas que afectan a las mujeres es la violencia, esa que está normalizada sobre todo en América Latina, que va desde lo emocional y sicológico hasta lo físico. Que permite que un hombre le quite la vida a su pareja en represalia por cualquier negativa de ella, como si esta mujer no tuviera voluntad ni derechos y fuera una pertenencia más.

Mucho de lo que vemos ahora es el resultado de años de una educación sesgada en la que las niñas han tenido poca educación sobre el poder del no. Las niñas, en muchos ámbitos, bajo la idea de que deben ser complacientes para ser queridas, son obligadas a situaciones que no deberían ser normales, como besar a un tío aunque resulte incómodo, servirle al tío, al papá, al primo, a los hermanos. Atender al que llega a casa y estar pendiente de atenderlo. Nunca les enseñamos a nuestras niñas sobre el poder del no.

Las cifras de abuso en menores de edad son alarmantes en este país, así como los embarazos en adolescentes.

Hace algunos meses, una representante de un organismo internacional tocaba este tema y decía que un embarazo adolescente aumentaba las posibilidades de vivir bajo la línea de la pobreza.

Hablábamos de si era necesario explicar más de métodos anticonceptivos, si era necesario hablar más del abuso, del cuerpo, de la intimidad. Y aunque ella coincidía con todo esto, también comentaba que en nuestra sociedad uno de los grandes problemas es que las niñas crecen con baja autoestima, queriendo sentirse amadas, y esa carrera por ser aceptadas les anula completamente el poder del no.

No se sienten en el derecho de negar una caricia o rechazar una palabra aunque les resulte incómoda. A veces, incluso, no pueden negarse a una relación sexual aunque sepan que no está bien y tampoco se cuidan porque tienen miedo de exigirlo.

Bajo la premisa de ser queridas o aceptadas, ceden ante situaciones con las que no están cómodas.

Mucho del empoderamiento debería venir del hogar, pero también contamos con una sociedad con familias rotas, que orientan poco.

Hace falta hablar más sobre lo que ocurre, sobre los riesgos y sobre los derechos de cada una de ellas.

En la media en que nuestras niñas reconozcan derechos para sí mismas serán capaces de elegir, de denunciar, de avanzar por el camino que quieran.

Pero para eso hace falta que como sociedad creemos espacios de mayores oportunidades para ellas. Aún es cierto que las niñas dejan con más frecuencia sus estudios, comparadas con los niños, sobre todo en el interior del país.

Y esta fuga es la que hay que parar.

Para que haya más mujeres en puestos con poder de decisión no solo hacen falta cuotas, sino que preparemos a más mujeres para ocupar cargos de relevancia debido a sus habilidades, talentos, experiencias. Sin embargo, en países como el nuestro se hace más difícil porque las niñas tienen menos espacios de crecimiento académico. Nos hace falta trabajar en eso para que las condiciones de educación y empoderamiento sean iguales para niños y niñas y esto permita cambios realmente relevantes en nuestros países.

Si tiene a una niña cerca, trabaje en su autoestima, apoye su educación, fortalezca su poder de decisión, enséñele cómo exigir sus derechos, háblele con honestidad de los muros que tendrá que saltar y de los riesgos que deberá enfrentar. Si desde pequeña la convence de que es capaz de ser y hacer todo lo que se proponga, no habrá poder humano que la detenga.

P. D. Gracias, mamá.
 

Tags:

  • mujer
  • empoderamiento
  • derechos
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