Lo más visto

Más de Opinión

Nuestros emigrantes son en inmensa mayoría constructores de futuro y así deben ser tratados en toda circunstancia

En el mundo, por factores que caracterizan su respectiva naturaleza nacional, hay países de emigración y países de inmigración. Eso no se va a cambiar con políticas agresivamente excluyentes ni con medidas de rechazo radical.

Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

El fenómeno de las emigraciones-inmigraciones es uno de los que tienen mayor impacto en el acontecer global de nuestros días, y se trata, como es notorio, de una situación en constante movimiento, que va evolucionando en conexión con las circunstancias que se presentan sucesivamente en la dimensión internacional, cambiante con una aceleración sin precedentes. La globalización presenta como característica más patente y definidora la apertura de fronteras de toda índole, desde las económicas hasta las culturales, pasando desde luego por las políticas, y todo eso constituye una especie de rompecabezas en acción, cuyas piezas no están hoy bajo la tutela de nadie, porque la multipolaridad que se vive ya no permite voluntades omnímodas como ocurría en el pasado que estaba a merced y al arbitrio de la bipolaridad.

La migración salvadoreña, que ha sido una tendencia muy viva desde siempre, adquirió en los tiempos de la guerra y sobre todo en este período posterior a la misma, un dinamismo que se vuelve cada vez más caudaloso. Las causas y las razones de ello tienen que ver con nuestra propia condición nacional y con los estímulos que vienen activándose para que el fenómeno se expanda en los planos internacionales. En la actualidad, los imanes del desarrollo son más fuertes que nunca, y a ello se agregan los impactos de la inseguridad generalizada.

Dado dicho panorama en el que influyen y confluyen muchas fuerzas impulsoras y definidoras, lo que queremos y debemos destacar es que los migrantes salvadoreños están intensivamente movidos por el ansia de progreso, para ellos y para sus familias. Por consiguiente, van a otros países, y en este caso principalmente Estados Unidos, a luchar denodadamente por construirse una vida mejor en el menor tiempo posible. Es cierto que muchos tienen que buscar la ruta indocumentada, y eso les pone una gran cantidad de riesgos y de limitaciones con los que tienen que lidiar, tanto en el acceso como en la estadía, pero el ansia de superación va por delante. Estados Unidos, que es un país de leyes y de instituciones, tiene por supuesto el derecho de autoprotegerse, pero eso habría que ejercerlo con la responsabilidad que siempre se necesita.

En el mundo, por factores que caracterizan su respectiva naturaleza nacional, hay países de emigración y países de inmigración. Eso no se va a cambiar con políticas agresivamente excluyentes ni con medidas de rechazo radical: lo que hay que hacer es impulsar estrategias conjuntas en la medida de lo posible para que las ansias legítimas de superación se muevan por los cauces legales y con los estímulos que les permitan prosperar.

El acontecer globalizador va poniendo la cooperación necesaria como desafío para todos. En otro tiempo hubo centros de poder y zonas de influencia, todo bien cuadriculado; hoy, la multipolaridad está abriéndole camino al imperativo de convivir, con responsabilidades compartidas. Y esto también se aplica a temas como el de las migraciones, que se multiplican por las condiciones de los tiempos. Las visiones renovadas son, pues, impostergables.

Tags:

  • emigraciones
  • globalización
  • fronteras
  • desarrollo
  • multipolaridad

Lee también

Comentarios