Nueva era contra corrupción

...El problema apunta a funcionarios públicos y a personas que solo ganaron un salario, que siempre vivieron al día, azotando la tarjeta de crédito, y que en un abrir y cerrar de ojos, terminan... con grandes capitales...
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La corrupción no es un fenómeno nuevo. El filósofo político indio Kautilya ya la señalaba 400 años antes de Cristo. Platón (347 a. C.) y Aristóteles (322 a. C.) calificaron los gobiernos como buenos o malos, puros o impuros según cómo se gobierna, si es en función del beneficio propio o de los demás. Describieron la corrupción como una degeneración del gobernante que, seducido por el poder, pone al interés propio sobre la utilidad común.

La historia cuenta que la corrupción en Roma se expresaba en forma de clientelismo, favoritismo, tráfico de influencias, mordidas desde cualquier funcionario hasta el emperador. ¿No vivimos casos hoy como si fuera un “copy-paste” del pasado?

“El poder no cambia a las personas, solo revela quiénes verdaderamente son”, dice José Mujica expresidente de la República de Uruguay, un ejemplo de estadista que siempre ha predicado con el ejemplo.

En los últimos 15 años este mal se ha hecho más evidente gracias al mayor acceso a información y su difusión por el avance tecnológico. Además, los sistemas democráticos propician mayor contraloría social, los ciudadanos exigen mayor transparencia y honestidad a los funcionarios públicos, y los medios de comunicación se convierten en grandes investigadores y denunciantes de actos de corrupción e impunidad.

En la última década comenzaron a evidenciarse corrientes globales de investigación de hechos corruptos. El año pasado vivimos el destape de los graves actos de corrupción de la FIFA, con prácticamente compra de sedes de campeonatos y amaños que involucraban a dirigentes al más alto nivel. A nadie se le ocurrió decir que era “una maniobra para desestabilizar a la FIFA”.

Ahora salen a la luz los Papeles de Panamá y ponen en jaque a muchos gobernantes y funcionarios públicos. La típica reacción política, es “una maniobra para desestabilizar al gobierno”. Este tipo de excusas “solo revelan quiénes verdaderamente son”, parafraseando a Mujica.

Los Papeles de Panamá abren un nuevo episodio global en la lucha contra la corrupción, que si bien no terminará con ella, la disminuirá significativamente, porque será cosa de pensarlo cien veces antes que delinquir.

Que las empresas tengan operaciones off-shore y busquen un “paraíso fiscal” no es nada desconocido. Generalmente van escapando de un “infierno fiscal”. Salvo disposiciones legales muy específicas, normalmente estas operaciones no resultan en una “evasión” fiscal sino en “elusión”, que es legal. Por tanto, no es problema de legalidad sino de falta de calidad del sistema tributario en muchos países.

Ahora, el problema apunta a funcionarios públicos y a personas que solo ganaron un salario, que siempre vivieron al día, azotando la tarjeta de crédito, y que en un abrir y cerrar de ojos, terminan con empresas de papel, sin ventas pero con grandes capitales. Esto es lo que se debe investigar, porque generalmente son esquemas para “ocultar dineros ilícitos” y “lavar dinero” por enriquecimiento ilícito.

Otro problema lo presentan sociedades como ENEPASA, socio de Alba Petróleos, empresa de economía mixta, constituida con aportes de alcaldías, con recursos públicos, la que termina fundando APES Inc., en Panamá, con un capital inicial de $10,000, para luego aumentarlo a $500,000 en 2008, a $7,000,551 en 2009, después de la elección presidencial, a $25,893,661 en 2010 hasta llegar a $144,287,971 en 2014 (El Faro, 11/04/2016). ¿Y todo esto porque los bancos locales no querían abrirles cuentas?

Además, ante esta situación se ve muy disminuida la inversión de $10 millones en proyectos sociales de esta empresa mixta “de finalidad social” frente a $290.6 millones en créditos relacionados en el paraíso fiscal de Panamá. Puede que esto no tenga nada malo, pero requiere una explicación, porque se ve oscuro y muy mal ante la solicitud del presidente de la República a las empresas: “No saquen su dinero del país”.

Así también están otras empresas con características de sociedad mixta, como el SITRAMSS, que tuvo un aporte de $45 millones del Gobierno (préstamo BID) para infraestructura, a las que se suman descubrimientos de empresas relacionadas con SUBES y SIPAGO.

Por ahora, esperemos las investigaciones que deberá hacer la FGR para ver de dónde salieron los dineros. Puede que haya culpables como que no los haya. Esta es una gran oportunidad para comenzar a demoler la mala imagen que El Salvador tiene una “corrupción generalizada”. Hagamos contraloría social.

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