Nueva visita a la sostenibilidad fiscal

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Roberto Rivera Campos / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Suponga que usted ha vivido en un entorno en el que los espejos que le rodean son de ese tipo que alargan la imagen. Usted podría crecer pensando que tiene determinada estatura; cuando finalmente le manufacturen un espejo que le refleje más cercanamente la realidad, se dará cuenta de su verdadero tamaño. No es que se haya encogido en la realidad, sino, solamente, para su decepción o alegría, es más bajo de lo que pensaba.

Eso es lo que ha ocurrido con el PIB salvadoreño. En la realidad seguimos produciendo lo mismo, pero, con la nueva medición, lo que el país produce es más bajo de lo que pensábamos. En consecuencia, muchas variables macroeconómicas que se miden con relación al PIB son mayores de lo que asumíamos, entre ellas el déficit fiscal y la deuda del gobierno, la cual ha pasado de cerca de 66 % a alrededor de 74 %.

Otra manera de dimensionar el tamaño de la deuda es realizar que si tuviéramos que pagarla de una vez, deberíamos producir durante tres trimestres del año sin consumir, entregarle todo al gobierno y que este lo distribuyera entre sus acreedores nacionales y extranjeros. El gobierno debe cerca de 9 meses de la producción nacional, antes uno creía que debía casi 8 meses. Con el nuevo PIB nos damos cuenta de que debemos un mes más.

Como cualquier otro proceso de endeudamiento, la deuda del gobierno tiene una dinámica que significa que en el tiempo puede mantenerse estática, disminuir o aumentar. Se dice que para que la deuda sea sostenible no debe aumentar en el tiempo como porcentaje del PIB. En nuestro caso, la deuda del gobierno es insostenible, tiende a aumentar. Cada año la expansión de la deuda es proporcional al déficit fiscal y a la deuda del año anterior y ambas variables han aumentado con la reducción de la medición del PIB.

Ciertamente, como con las nuevas cuentas nacionales estamos partiendo de un nivel de deuda con respecto al PIB del gobierno mayor, este año crecerá en más puntos porcentuales que lo que habría crecido partiendo del nivel más bajo. De manera similar el déficit fiscal es mayor. En otras palabras, los siguientes 10 puntos de endeudamiento se alcanzarán en menos tiempo que si la deuda hubiera tenido el nivel inferior.

Por todo esto, para decir que la situación fiscal es menos delicada de lo que era el año pasado antes de la reforma de pensiones hay que acotarlo apropiadamente. Seguramente no estamos ante una posibilidad inmediata de impago, de iliquidez, como ocurrió el año pasado, lo cual es positivo, pero el tamaño de la deuda y su ritmo de expansión son razones suficientes para corregir ese rumbo.

La situación fiscal es delicada y este es un año preelectoral en que los resultados de las elecciones pasadas golpearon fuertemente al partido de gobierno, con lo cual es de esperar más bien aumento del gasto fiscal. En otras palabras, es claro que un ajuste no va a ser políticamente viable realizarlo en este año. Nadie querrá comprometer su elección. Entonces, por lo menos deberíamos evitar que el proceso de endeudamiento del gobierno se potencie aún más y prepararnos para un ajuste posterior.

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