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Nuevamente en entredicho

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, pero no nos cansaremos de repetir lo desastroso que resulta para la gobernabilidad democrática la injerencia descarada del partido gobernante en asuntos que solo competen a los órganos del Estado.
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Bajo estas circunstancias, no se tiene certeza sobre quién ejerce el poder delegado, se compromete la transparencia en la gestión pública y sobre todo se erosiona la legitimidad del gobernante de turno. Y si en el plano interno ello sugiere una especie de anarquía inducida con repercusiones claras en la vida de la gente, en qué plano quedan las relaciones internacionales, en un mundo cada vez más turbulento y, por ello, ávido de líderes capaces de incidir en el entendimiento entre naciones.

En la diplomacia, entendida modernamente como la alternativa a la guerra, o la mejor opción para potenciar la convivencia armoniosa, la prudencia y el buen juicio se convierten en las mejores armas para contribuir a un mundo menos conflictivo. Desafortunadamente en nuestro caso, desde que el FMLN arribó al poder –y sin duda guiado por un credo ideológico en decadencia– cada vez compromete más esos objetivos universales, ignorando que las relaciones internacionales tienen como sustrato el entendimiento entre Estados –que obviamente se materializa a través de las acciones de los gobiernos– pero que idealmente deberían ser neutrales a las presiones partidarias, por la incidencia perniciosa de estas.

Las pésimas relaciones que mantuvo al gobierno anterior con dos países vecinos, las actitudes poco cordiales con representantes diplomáticas y entidades de países amigos que han sido tradicionalmente los más solidarios con El Salvador y el vasallaje mostrado en organismos como la ONU y la OEA para alinearse con gobiernos despóticos corren el riesgo de deteriorarse más, sin duda por los errores u omisiones del Ejecutivo, pero mucho más, por los deslices del partido.

Hay que reconocer en el canciller Martínez, como co-responsable de la política exterior, invariablemente ha sido muy prudente y propositivo cuando los ánimos se han caldeado por los excesos de altos dirigentes del FMLN y aun cuando el profesor Sánchez Cerén ha actuado como activista más que como estadista. Pero todo indica que aquella recomendación del gobernante de ponerle bozal al entonces presidente de ANEP no puede extenderla a los miembros más prominentes de su partido, cuando comprometen su autoridad.

Ayer fue la acusación de un diputado contra el gobierno de Estados Unidos, en una reiteración de lo que ha sido la constante en el FMLN sobre sus presuntas interferencias en “las democracias progresistas” –siguiendo obviamente el decálogo de Maduro donde los supuestos “golpes de Estado” nunca faltan– pero en esta ocasión sin parar mientes en lo peligroso que resulta meter en el baile a la Fuerza Amada. Mientras tanto, el canciller anda haciendo hasta lo indecible para ganarse la voluntad del gobierno estadounidense en favor de los hermanos lejanos y sin duda, para que se materialice pronto la cooperación con el Triángulo del Norte y no se pongan en riesgo otros programas de cooperación. Decimos esto, sin darle chance al candidato republicano.

Al país le han metido otro clavo, cuyo primer embate lo sintió su cuerpo desvalido cuando el gobierno fijó posición a propósito del proceso que se inició contra la ahora defenestrada señora Rousseff. Hoy que todo está consumado y cuando no parece muy claro el futuro que le espera a ese gran país, nuevamente salen quienes se consideran más allá del bien y el mal, para encabritarse por el desenlace. Con esto se descalifican ellos mismos, cuando sin pruebas arremeten contra el país del norte y aunque el gobierno ha adoptado públicamente una actitud más prudente, como partido han caído en una inmoralidad política sin nombre. Ante estas “trivialidades” le deseamos suerte a nuestra cancillería cuando tenga que dar explicaciones a Itamaratí y definir el nivel de nuestras futuras relaciones. Mientras tanto, aquellos pueden seguir idolatrando al dúo Chávez-Maduro y sus compinches Ortega-Murillo, siempre que no comprometan al país.

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