Nuevo desacato: respuesta desafiante

Muchos creímos, ingenuamente, que con la legislatura iniciada el primero de mayo pasado, el congreso de la república actuaría de manera más consecuente con los principios democráticos, o cuando menos, con la grave situación por la que atraviesa el país.
Enlace copiado
Nuevo desacato: respuesta desafiante

Nuevo desacato: respuesta desafiante

Nuevo desacato: respuesta desafiante

Nuevo desacato: respuesta desafiante

Enlace copiado
Nos equivocamos de cabo a rabo. Todo indica que el autoritarismo, la intolerancia y el irrespeto al orden establecido del que hizo gala el anterior presidente dejó una marca indeleble en el mal llamado primer órgano del Estado, con un efecto de contagio en casi toda la organización del Estado.

Si las actuaciones del anterior presidente de la AL se erigieron en el prototipo de una conducta antidemocrática, al intentar violentar la separación de poderes e incluso la soberanía nacional, su sucesora no se queda atrás. Los desplantes y desobediencia ante las resoluciones de la Sala de lo Constitucional siguen perturbando a la ciudadanía, que ve en el ejercicio del poder conductas quizás peores que las que se estilaban en los gobiernos militares y a los que tanto criticaban.

Pero esto no debería de extrañarnos. De hecho, en ello estriba la fortaleza –real o imaginaria– de todos los gobiernos tirados a la izquierda, quienes, en su ensimismamiento no reparan en el daño que se autoinfligen, solo para darse cuenta, cuando ya es demasiado tarde, de que también fueron los responsables de haber sembrado la semilla de la discordia, la descomposición social y el caos total. En sus mentes dañadas por el ego, el respeto a la ley y al orden establecido en general, son categorías válidas solo para el ciudadano común, pero no para los que detentan el poder.

“Que me metan presa”, no es precisamente una expresión elegante para responder al claro desacato cometido a propósito de la sentencia de la SC que le ordenaba a la AL reformar artículos de la ley de la SIGET que eran contrarios a la Carta Magna. Les valió madre el plazo original y las prórrogas otorgadas, para salir en la fecha fatal –a despecho del dictamen favorable de la comisión nombrada al efecto y presidida nada menos que por un miembro prominente del partido– para atropellar una vez más el proceso de formación de ley y aceptar, en cambio, una ley totalmente reformada por la entidad reguladora, con agregados que, según se comenta, favorecen intereses mezquinos y empresariales de conveniencia para el partido gobernante. Mientras tanto, según ha trascendido, se restringe la libre iniciativa y se atropellan derechos individuales. Y si estos fueron los factores subyacentes, la señora presidenta no pudo ocultarlos y menos, la tirria que tiene, como su antecesor, con la SC.

Esto ya lo había demostrado con su inasistencia a una reunión también con esta última instancia, donde debía de explicar el porqué la AL no había cumplido con la orden de modificar la tasa de interés que se aplica a los ahorrantes en el sistema privado de pensiones, después del amplio plazo que se le había dado para detener el despojo de que están siendo objeto aquellos de parte del gobierno. Pero al final, algo de bueno hay en todo esto, porque es este estilo autoritario lo que propició en Venezuela la expulsión de una legislatura liderada por un personaje endiosado. Nos referimos al sargento Cabello.

Pero una pregunta sigue siendo válida: ¿Adónde iremos a parar con la anarquía que estamos observando? No podemos con la delincuencia, con la pobreza en aumento, con la economía virtualmente estancada, con la corrupción generalizada, con los primeros síntomas de desobediencia social, etcétera, y, aun así, nuestro andamiaje institucional es manoseado y minado permanentemente, para graficarnos un cuadro donde el Estado fallido empieza a perfilarse con más nitidez. Es aquí donde la ciudadanía llega al punto de repudiar todo aquello que se agrega a los otros factores que están haciendo de su existencia un verdadero infierno. Por ello, las actuaciones de reconocidos personajes políticos que deberían poner su mayor empeño para contribuir a moldear un mejor futuro pueden ser señaladas como responsables de los daños causados a nuestra joven democracia.

*****

PD. Que viva la corrupción brasileña y, así, la nuestra.

Tags:

  • juan hector vidal
  • siget
  • soberania nacional
  • autoritarismo
  • intolerancia
  • irrespeto
  • sociedad
  • violencia

Lee también

Comentarios

Newsletter