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Nuevo intento de reforma migratoria

Mientras Obama subraya la importancia del valor de la justicia en su propuesta, los legisladores tienden a ver el problema y la solución en términos de pragmatismo económico y político.
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Nuevo intento de reforma migratoria

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Ayer al mediodía, el presidente Obama pronunció en Las Vegas el primer discurso de su segundo período gubernamental. Abordó de frente, en detalle y sin dilación el tema de la reforma migratoria, subrayando así el elevado nivel de prioridad que le dará a este problema en los primeros meses de su renovado mandato.

La reforma migratoria fue uno de los compromisos que Obama asumió durante la campaña electoral, no solo para atraer simpatías y adhesiones en la población hispana, sino para resolver un problema que por años se ha resistido a una solución integral de consenso entre demócratas y republicanos, y también en el interior de cada uno de estos dos grandes bloques partidarios.

Ya en mayo de 2011 el presidente había hecho su primer intento de avanzar hacia el logro de una nueva legislación migratoria, pero su propuesta encontró insuperables resistencias de parte de varios legisladores de ambos partidos. Años antes, el presidente George W. Bush había fracasado en un intento similar de búsqueda de consenso.

El tema ha sido no solo controversial sino muy divisivo. En respuesta a la falta de acuerdo para una reforma en la legislación federal, varios estados y gobiernos municipales han intentado llenar los vacíos y superar las deficiencias de la legislación vigente aprobando leyes estatales y ordenanzas municipales que responden al sentir de los ciudadanos en cada localidad. La tendencia en la mayoría de estas piezas de legislación ha sido restrictiva; se ha intentado cerrar espacios a los inmigrantes indocumentados, lo cual apunta en dirección contraria a uno de los principios que defiende la propuesta del presidente Obama.

¿Qué ha cambiado, entonces, para pensar que esta vez el esfuerzo pueda lograr mejores resultados? Realmente no hay mucho que haya cambiado. El camino será largo y lleno de obstáculos, pero hay algunos hechos y corrientes de opinión favorables a la reforma.

En primer lugar, las recién pasadas elecciones presidenciales pusieron de relieve el peso del voto hispano y el distanciamiento cada vez mayor entre esa importante minoría y las posiciones más duras del Partido Republicano en materia migratoria. En segundo lugar, en los últimos años ha habido amplia oportunidad para ventilar las pasiones que suscita el tema y, tanto la sociedad como los políticos, parecen estar ahora en mejor disposición para abordarlo más racionalmente.

El lunes de la presente semana, un grupo de ocho prominentes senadores, cuatro de cada partido, emitió un memorándum que recoge los principios y lineamientos que todos ellos respaldarían en una nueva ley migratoria. Otro grupo más reducido de senadores ha trabajado en delinear provisiones específicas para facilitar la inmigración de académicos y profesionales que tengan excepcionales conocimientos en ciencia y tecnología.

Estos senadores se le adelantaron unas horas al presidente con un conjunto de acuerdos que podrían estar en sintonía con lo planteado por Obama pero difieren en algunos énfasis y en aspectos relativos a los condicionamientos y a la temporalidad de aplicación del elemento más polémico en la propuesta de Obama: la apertura del camino a la ciudadanía para inmigrantes indocumentados.

El senador Robert Menendez (D-NJ) lo puso en términos sencillos pero muy elocuentes: “Antes que nada, los estadounidenses lo apoyan en encuesta tras encuesta. En segundo lugar, los votantes latinos lo esperan. En tercer lugar, los demócratas lo quieren. Y en cuarto lugar, los republicanos lo necesitan”.

Mientras Obama subraya la importancia del valor de la justicia en su propuesta, los legisladores tienden a ver el problema y la solución en términos de pragmatismo económico y político. El grueso de los ciudadanos se mueve entre ambas consideraciones.

El senador John McCain (R-AZ), excandidato presidencial y negociador de la propuesta del grupo de 8 senadores, declaró que veía una “nueva apreciación” entre los republicanos de la necesidad de una reforma migratoria sustantiva, y añadió: “No podemos seguir para siempre con 11 millones de personas viviendo en las sombras de un estatus ilegal”.

Pero esa visión pragmática será sometida a duras pruebas a la hora de formular las regulaciones concretas en la ley. Todavía hace falta superar resistencias en el Senado y muchas más en la Cámara de Representantes. También será necesario superar la comprensible desconfianza en los propios indocumentados para acogerse a la nueva legislación.

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