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Nuevo mundo electoral digital

Las “campañas digitales” son el elemento determinante para ganar una elección presidencial, sin desmerecer factores clave como la capacidad del candidato, la calidad de las propuestas, las campañas territoriales, los acuerdos y alianzas políticas, y tener buenos comerciales.
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Claudio M. de Rosa / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Nadie creía que el candidato Obama ganaría, afroamericano sin demostrar su nacionalidad, y los grandes donantes no deseaban financiar a su campaña. Pero, rompió el récord de donaciones en un mes, sobrepasó los $100 millones, utilizando un programa de aportes mediante vía texto telefónico, que no podían sobrepasar los $50 diarios y los $200 mensuales, que se incluían en la factura.

El enfoque de campaña se “transformó”. Él fue la marca de valor (“personal branding”), se identificó y habló con y por los “jóvenes”, aprovechando sus desencantos y enojos, diciéndoles “cree en ti mismo”, “ocupa el sitio que mereces” y “sí se puede”. Conectó y ganó.

Muchos decían que el candidato Trump se derrumbaría, que era una burbuja. Dijo lo que la gente quería escuchar, la mayoría de los electores se sintieron interpretados con su forma de ver las cosas: “the American dream”, “America First”. Conectó y ganó.

Otros ejemplos: Trudeau (Canadá), Macron (Francia), Macri (Argentina), entre otros. Ganaron porque comprendieron la nueva forma de “cautivar la mente de los votantes”, utilizando la modernidad tecnológica, el mercadeo digital personal, las aspiraciones y desencantos, expectativas y esperanzas “de los jóvenes”. Se convirtieron en “líderes en redes sociales”.

La clave del éxito en este mundo viral está en el “contenido” del mensaje, definido como el valor que tiene para el receptor (me interesa y lo leo), la utilidad (para qué me sirve o cómo sirve a la sociedad), me entusiasma (“like”) y si va con mis expectativas lo comparto. Si sus contactos hacen lo mismo, se va creando una corriente de opinión, que al consolidarse se convierte en “opinión pública”. Quien inició esto, impuso una agenda, y se le ve como el “influenciador”, el líder, donde quienes se suman van conformando su red de seguidores, donde no importa dónde se encuentre, el receptor lo siente muy cerca, está en su móvil o tablet, está en sus manos.

Si bien influyen en la decisión del votante factores culturales, socialización y sus experiencias pasadas, su condición presente (referencia) y sus aspiraciones futuras (esperanza), este último es el factor determinante en su decisión final al votar.

Antes las noticias, comentarios con amigos, familia y oficina, influían en la decisión del voto. Ahora, las redes sociales son la fuente de orientación, motivación, e influencia en el voto, donde el conocimiento y la racionalidad no son los grandes determinantes, porque priman las “decisiones” motivadas por enojo, desconfianza, crítica acérrima y condenas mediáticas a los políticos.

No interesa la calidad, ética y conocimiento del candidato, no importa si sus propuestas, de existir, son viables, populistas, o falaces, nada tiene relevancia, solo se sigue “una moda” y punto.

En este nuevo mundo electoral, descalificar, acusar, criticar, no bota la imagen de quien lidera las redes sociales. Solo quien logre interpretar, motivar, conectar y establecer una visión diferente logrará alterar esa moda. No es solo compartir mensajes, sino darle fuerza a su contenido para capturar la mente de los jóvenes. Solo quien compita exitosamente en las redes podrá cambiar la moda.

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