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O frenamos o nos estrellamos

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O frenamos o nos estrellamos

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Accidente a la vista al textear o tomar al manejar, pero lo peor es perder los frenos. Imagínese un vehículo pesado, bajando la calle al puerto sin frenos; sus ocupantes seguro no se bañan en el mar.

El Salvador entero es ahora un vehículo sin frenos, escogido para el pueblo y por el pueblo. Pintaba tan bonito, que al escogerlo nadie se fijó si tenía frenos ABS, bolsas de aire, cinturones de seguridad, luces, o sensores de peligro. La propaganda los convenció con sus promesas de "económico", "totalmente nuevo" (de color cyan), "nada que ver con los vehículos del pasado".

Los pasajeros inversionistas, al darse cuenta de que la propaganda es pura paja, no se quieren subir; mucho menos ahora que el conductor se quitó la piel de oveja y sacó los colmillos. Sin duda, nos dieron gato por liebre, un vehículo chafa que tendremos que pagar durante los próximos 40 años. Para complicar nuestras finanzas, cada vez que se mete a revisión, la plenaria nos receta un nuevo préstamo para mantenimiento y repuestos, pero nos ven la cara pues nunca lo reparan.

Tiro por la culata. Reclamamos en la defensoría, y nos mandaron al chorizo pues no leímos el manual, ni nos dimos cuenta de la colección de esquelas que tenía el nuevo piloto. Solo nos fijamos en lo malo de los pilotos anteriores. Reclamamos en los diferentes talleres, y salimos con la cola entre las patas, pues nos enteramos de que el nuevo piloto los va comprando. Por majes, estamos circulando en una garnacha sin brújula y sin frenos.

Unos pasajeros se quejan en los periódicos; otros cuatro gatos salen a protestar a La Chulona; muchos piden auxilio a los gringos; pero la mayoría se conforma con circular cuesta abajo, esperando sobrevivir el cachimbazo.

Curioso lo que estamos viviendo. Los pasajeros de la garnacha sin frenos se arrepienten de sus pecados, aclamando a San Pedro para que los deje entrar. Se agarran del asiento, cierran los ojos, y no se animan a ver más allá de la siguiente curva. Está bien que recen, lo que está mal es que no hagan nada para reemplazar al conductor.

Además de la defensoría y los talleres, el conductor tiene pisteada a la policía, con instrucciones de que pidan licencia a los que tienen 30 años de manejar, y que se hagan los del ojo pacho con los que ahora manejan.

A todo esto, la carretera está abandonada, repleta de hoyos. Construyen puentes, pero se caen; prometen viaductos, pero pura paja. Para echarle más limón a la herida, no se ve en el horizonte gente capaz de resolver; al contrario, los que pueden permanecen tras bambalinas; tienen miedo de que los metan al bote.

El conductor chafa tiene contrato por 5 años, aunque a todas luces se lo pasará por ya saben dónde. Está tranquilo, pues tendrá muchos más soldados que lo dejarán seguir manejando, y meterán presos a sus opositores, como lo ha hecho otro conductor temerario en Nicaragua.

El Salvador necesita conducir con prudencia y dirección, sin caprichos ni capiazón. No merecemos choferes chafa ni bravucones. No queremos seguir sin rumbo ni que nos piten la vieja todos los días. Urge metamos los frenos, aunque sea el de mano, para controlar esta garnacha kamikaze.

Tags:

  • conductor
  • vehículo
  • frenos
  • pasajeros

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