Obama y primera infancia – buen ejemplo

El presidente Barack Obama, en su reciente discurso sobre el Estado de la Nación, sorprendió al mundo con su propuesta de garantizarle a todo niño y niña de cuatro años en Estados Unidos acceso a la educación parvularia.
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Sorprende, además, que un país no signatario de la Convención sobre los Derechos del Niño proponga iniciativas vanguardistas de esta índole. La propuesta es buena, muchos países pueden aprender de ella, y es música para los oídos de los proponentes del valor de la educación inicial temprana. Ante las voces detractoras se antepone la evidencia multidisciplinaria, la cual confirma que la atención educativa, nutricional y afectiva a los menores de cinco años es determinante para los ciclos de vida venideros, garantiza un mejor nivel de crecimiento físico, estimula el cerebro y siembra las bases para las habilidades de vida y desarrollo humano. Con esto en mente, comparto tres conclusiones importantes:

La primera es que los niños que asisten una educación temprana (inicial y parvularia) de calidad tienen mejor rendimiento académico futuro que aquellos que comenzaron la educación primaria sin educación temprana. En países cuyos estudiantes tienen mejor desempeño en pruebas estandarizadas y menor abandono escolar es común la inversión en la educación y desarrollo temprano como política de Estado. La segunda conclusión es que la educación temprana reduce las desigualdades socioeconómicas que agobian a las hijas e hijos de familias pobres. La tercera conclusión es que una educación temprana de calidad está estrechamente relacionada con crecimiento económico y ciudadano, pues se estima que por cada dólar estadounidense invertido en la educación temprana, se generan entre $7 y $12 a la sociedad. Adicionalmente, niños y niñas con educación temprana gozan de mejores oportunidades laborales y tienen menos conflictos con la ley.

En El Salvador existe una Política y Pacto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia, pero de por sí es insuficiente, ya que la limitada inversión en la primera infancia no ha revertido las bajas coberturas: 2% de la población menor de tres años acude a la educación inicial, y solo el 54% de la población entre cuatro y seis años asiste a la parvularia. Igualmente, no se puede desvincular la baja oferta institucional de las deficientes prácticas de crianza infantil en familias desintegradas: 913,000 niños viven en hogares con presencia parental muy limitada. Según los datos de la FESAL 2008, solo el 9% de los padres juega con sus hijos, 7% le saca a pasear y 4% le cuenta historias. Paradoja: casi la mitad de la población infantil llega al primer grado sin quizás nunca haber visto un libro o escuchado un arrullo de sus padres.

Se puede salir adelante. Es fundamental aumentar la inversión por parte del Estado y afianzar la corresponsabilidad social con alianzas público-privadas, incluyendo a la academia, las comunidades, familias y gobiernos locales. La atención integral a la primera infancia no es dominio exclusivo del Gobierno; más bien, la política de Estado propone el norte, mientras que se fomenta una cultura de responsabilidad compartida para esta población clave para el desarrollo económico y social de El Salvador.

Tags:

  • Derechos el niño
  • multidisciplinaria
  • determinante

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