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Obligaciones de mi generación

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Hace unos años se llevó a cabo un proyecto muy ambicioso en Sudáfrica: una reserva artificial de animales de inmensas proporciones, fueron trasladados animales de todo el continente. Concluido el proyecto, se abrieron las puertas, todo muy bien, muy concurrido, un éxito.

Pasadas unas semanas se comenzaron a dar situaciones de vandalismo por parte de los elefantes, llegaban a las aldeas y destruían todo a su paso sin razón alguna. Veterinarios examinaron a los elefantes delincuentes, se sospechaba de algún virus que los enloquecía, sin embargo, los resultados no mostraron ninguna justificación biológica para aquel fenómeno de violencia. Un sociólogo se interesó en el caso y decidió observar una manada de elefantes en su estado natural y se percató de la estrecha relación que existía entre los elefantes jóvenes y los elefantes mayores, principalmente con los machos mayores, estos enseñaban y exigían adherencia a lo enseñado.

Al regresar a la reserva artificial se percató de que se habían llevado solo elefantes jóvenes, la razón: los elefantes jóvenes pesan menos que los viejos y así se ahorraron sumas considerables en costos de transportación. El sociólogo sugirió que se llevara al parque elefantes viejos, así se hizo, y el problema de los elefantes jóvenes y vándalos cesó a medida que se introdujeron los elefantes mayores.

No es nada difícil formar una comparación empírica entre la anécdota de los paquidermos y el estado del ámbito político en nuestro querido El Salvador. ¡Llegó la tan ansiada nueva generación! y como era de esperar, llegó con todo: entusiasmo, ímpetu, pasión, vehemencia, arrogancia, pero más importante, con una intensa devoción al culto de la personalidad; irreflexiva y desprovista de ideas; pacientes críticos del Síndrome de Hubris. El síntoma más claro de dicha enfermedad es la irritabilidad causada por la sana crítica, los lleva a la obsesiva erradicación de las fuentes de dicha crítica, sin importar el costo; predomina la rápida desconexión con la realidad, hasta me atrevería a decir, se presenta un complejo "Napoleónico", común en ciertas instituciones psiquiátricas.

Extraña paradoja que la única cura que existe para dicho síndrome es la sana y buena crítica, esencial para el buen funcionamiento de la democracia. Una crítica bien intencionada, transparente, desinteresada, expresada con el debido respeto ¿a quién le corresponde?, principalmente a nosotros, la previa generación. A aquellos que lo bueno y lo malo que íbamos a hacer en esta vida ya lo hicimos, y enfrentamos hoy la obligación, como cualquier padre de familia, de guiar y contribuir; aun y cuando los muchachos lo resientan, llegará el día que aceptarán nuestra crítica con humildad y madurez.

¿Qué queremos? El respeto incondicional de nuestras instituciones; un comportamiento digno, no debe de herir el sentir de un pueblo empobrecido -las muestras de opulencia a costa del lomo del pueblo dejan cicatrices difíciles de sanar. Nadie está pidiendo santos, hace dos mil años pasó por estos lares el único y verdadero santo varón, lo único que se les pide es dignidad, respeto y humildad. ¡Y que cumplan!

Tags:

  • generación
  • opulencia
  • elefantes
  • Síndrome de Hubris
  • crítica
  • respeto

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