Óbolo para nuestro igual

La necesidad individual conglomerada se convierte en precariedad colectiva cuando nadie ayuda a nadie.
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Pero últimamente se están involucrando personas anónimas a desarrollar proyectos de ayuda comunitaria, en universidades, empresas, iglesias, familias o incluso entre amigos, ya que han identificado una carencia en un sector de la población con necesidades asequibles.

Da gusto escuchar a personas comentando: hemos estado entregando víveres u otro donativo a familias de escasos recursos, a un grupo de niños en zonas marginales llevarle momentos de alegría con payasos, golosinas y aprovechar a evangelizarlos.

¡Qué bueno! Les aplaudo porque han tomado un compromiso con su igual, pero hay muchos más que ni al vecino le quieren prestar el lugar de estacionamiento, al que quiere frutos del árbol que está en su patio no le comparte, al padre responsable que se quedó sin empleo y tiene que proveer a su familia no quieren darle ni siquiera una referencia de dónde buscar empleo.

Si es nuestro esfuerzo y no lo podemos regalar solo porque sí, podemos compartir algo mínimo o por lo menos unas palabras de ánimo que a veces eso ayuda más que un pedazo de pan.

En algún momento de la vida podemos ser nosotros quienes necesitemos de la ayuda del vecino o de un alma caritativa, no es necesario darle a todos lo que uno se encuentra, pero con lo que esté a nuestro alcance podemos tener nuestra cuota de buenas acciones.

Es parte de los mandamientos de amar a nuestro prójimo como lo podemos hacer, ayudando.

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