Octavario por la unidad de los cristianos

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Rutilio Silvestri

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Del 18 al 25 de enero –fiesta de la Conversión de San Pablo– la Iglesia Universal celebra el Octavario por la unidad de los cristianos, días de súplicas especiales a la Santísima Trinidad, pidiendo el cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: Padre Santo, gurda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros, nos dice el Evangelio de San Juan.

Nos disponemos a vivirlo en unidad de afanes con la Iglesia, llenos de esperanza sobrenatural, pues sabemos que ha de ser el Espíritu Santo quien mueva los corazones de cuantos creen en Cristo y realice la unidad perfecta de todos los cristianos en la única Iglesia.

Nuestra oración sigue la súplica sacerdotal de Jesús, en la víspera de su Pasión. Llegada la hora de pasar de este mundo al Padre, el Señor ruega por una Iglesia santa y compacta, con una unidad que realce su belleza, pues el modelo supremo y sumo principio de este misterio es, en la Trinidad de Personas, en la Unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, enseñó el Concilio Vaticano II.

Como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, nos dice San Juan, Jesucristo ruega por la unidad de su grey. Durante años ha guiado a sus discípulos, se ha preocupado de ellos, uno a uno; pero sabe que el enemigo acecha siempre para arrebatar las ovejas y dispersar el rebaño; y su corazón sufre sabiendo que muchas se descarriarán y abandonarán el redil.

La oración de Cristo alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores, aquellos que ni siquiera han conocido su rebaño: tengo otras ovejas que no son de este redil, a esas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor, nos vuelve a decir San Juan.

La Iglesia desea que con ocasión de este octavario demos un paso más en la identificación de nuestros sentimientos con los de Jesús. Conocedores de las vicisitudes de la historia de la Iglesia, y conscientes de la debilidad del corazón humano, tan pronto al error y a la discordia, nuestra oración ha de cobrar nueva fuerza, sumándose a la petición del Buen Pastor: como Tú, Padre, en mí y Yo en ti, que así ellos estén en nosotros, que sean como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me has enviado y los has amado como me amaste a mí, nos escribe San Juan.

El Concilio Vaticano II nos ha recordado, hablando del recto ecumenismo, que la manera y el sistema de exponer la fe católica no debe convertirse, en modo alguno, en obstáculo para el diálogo con los hermanos. Es de todo punto necesario que se exponga claramente toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo –herejía que antepone la paz a la doctrina–, que daña la pureza de la doctrina católica y oscurece su genuino definitivo sentido.

Nos dirigimos a María para pedir su ayuda para vivir unidos a su Hijo Jesús en Su Iglesia.

Tags:

  • Octavario
  • Concilio Vaticano II
  • oración
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