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¡Oh!... ¿y ahora quién podrá defendernos?

Hace unos días, el presidente de la República pretendió informar a la población, anunciando que el gobierno se declaraba en “emergencia”, debido a las dificultades fiscales que está confrontando. Sin embargo, a nadie sorprendió la noticia, pues lo que expresó ya era conocido de todos y algo que la mayoría de salvadoreños ya estamos experimentando, pues en diferentes medidas, las consecuencias las estamos sufriendo todos.
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Lo que evidentemente confirmó la declaración del presidente es que los funcionarios de gobierno todavía no se han dado cuenta de la realidad económica y social de la mayoría de salvadoreños y cuánta necesidad existe de que se generen más empleos dignos, como medio para mantener la esperanza de que nuestro país puede salir adelante.

Si bien se anunció oficialmente la situación de “emergencia”, lo que no se escuchó de parte del presidente son las medidas que se van a tomar para salir de la crisis, pues más bien lo que planteó como solución es lo mismo que se viene discutiendo desde hace ya varios meses y lo cual la población entera interpreta que se trata de “más impuestos”, sin reconocer la verdadera causa del problema y que es el aumento desmedido de los gastos del gobierno y el alto nivel de endeudamiento, que ya no permite que se adquieran más préstamos.

Para explicar la causa de la “emergencia” y que el presidente no quiso aceptar, basta con comprender que el gasto total de los dos gobiernos del FMLN, desde el año 2008, es ya de un total aproximado de $43,000 millones y el gasto de los anteriores gobiernos, durante el mismo período, fue de solamente $24,000 millones, aproximadamente. Además, la deuda del gobierno ha pasado de ser de un 37 % del PIB (o sea lo que el país produce), en el año 2000, a un 67 % que es actualmente, lo que indica que la vía de adquirir más préstamos se encuentra prácticamente agotada y más bien es al revés, pues ahora hay que comenzar a pagarlos.

Si bien la situación la calificó correctamente nuestro presidente, lo que hay que también reconocer es que la “emergencia” no ha sido sentida grandemente por la población en general, debido a que gracias a Dios tenemos un escudo protector que se llama dolarización y la cual no ha permitido que el gobierno resuelva su emergencia emitiendo moneda sin respaldo, lo cual deterioraría el poder adquisitivo de los salarios, perjudicando a los más necesitados y ahuyentando la generación de empleos. Tal y como ha ocurrido en los países con gobiernos del Socialismo del Siglo XXI y cuyas economías no están dolarizadas.

Como ejemplo, vale la pena mencionar que en Venezuela, un país multimillonario en petróleo y del cual nuestro presidente todavía expresa su admiración, una profesora promedio, que ha cotizado a su fondo de pensiones durante toda su carrera profesional, en estos momentos está recibiendo como jubilación el equivalente a quince dólares mensuales.

Es apremiante resolver la “emergencia”, pero para esto es importante que el gobierno reconozca su culpa y dada la gravedad del problema, es igualmente importante que ARENA reconozca la necesidad de solventarlo lo antes posible y que como ya está demostrado que no se pueden poner de acuerdo, pues ambos tienen diferentes ópticas de cómo resolverlo; lo que se debe hacer es acordar, entre ambos, que se instale una mesa de trabajo, a puerta cerrada, entre el Gobierno, ARENA y el Fondo Monetario Internacional y que esta no deje de trabajar hasta lograr un acuerdo de qué es lo que se va a hacer para resolverlo y para beneficio, sobre todo, de las grandes mayorías.

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