Ojalá que de las elecciones del domingo resulten concejos más funcionales y una Asamblea más consistente

La ciudadanía electora tiene ahora mismo la oportunidad de hacer valer lo que verdaderamente quiere y necesita para tener un presente más convivible y un futuro más esperanzador.
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El próximo domingo 1 de marzo tendrán lugar unos comicios legislativos y municipales que, según todos los indicios disponibles, significarán un giro innovador de lo que se ha tenido al respecto en todo el período de la posguerra. No sólo se trata del evento electoral más complejo de los habidos hasta la fecha en ese plano, como ha manifestado el mismo Presidente del TSE, sino de una prueba de dimensión histórica, de la cual sin duda quedarán importantes lecciones para el futuro subsiguiente. Dicha prueba se da cuando el proceso de la modernización política que vivimos está requiriendo cada vez más compromiso y más resultados en esa línea.

La representación proporcional en los gobiernos locales era desde hace mucho una demanda del sistema en evolución, que requirió largo tiempo de espera porque los actores partidarios en competencia constante se resistían a hacer el cambio correspondiente. El argumento que con más frecuencia se esgrimió para tratar de justificar la negativa fue que la pluralidad dentro de los concejos traería muchos riesgos de ingobernabilidad. Era, desde luego, un argumento de comodidad interesada. El manejo plural nunca es fácil, por supuesto; pero el objetivo básico consiste en que la dificultad aludida se vuelva una escuela de convivencia entre diferentes y aun entre contrarios, para activar de veras la participación y así dinamizar la gestión.

En lo tocante a la oportunidad que tendrán a partir de ahora los electores de personalizar aún más su decisión en lo referente a la elección de diputados por medio del voto cruzado, esto de seguro tendrá en esta primera oportunidad una incidencia no tan decisiva, porque la ciudadanía tendrá que irse acostumbrando al nuevo método factible de hacer valer la voluntad ciudadana; sin embargo, este nuevo mecanismo va en línea con la tendencia creciente a poner al ciudadano y a su voluntad de elegir en el nivel protagónico que corresponde conforme a la lógica democrática en avance. Habrá que medir bien los resultados del 1 de marzo, no sólo en los números sino también en las señales que arrojen los números.

La atmósfera que se vive en este momento, cuando ya estamos en el período de reposo que establece la ley para que los ciudadanos puedan meditar sobre el voto que van a emitir, es de ansiedad controlada, sobre todo en lo que corresponde a las fuerzas en contienda. Aunque hay expectativa por saber cómo quedarán los partidos en el ámbito municipal, sobre todo en las plazas más significativas del país, lo que genera más atención política es la correlación de fuerzas dentro de la Asamblea Legislativa, porque ahí es donde se juegan importantísimas decisiones para el país, por medio del ejercicio de la función de legislar.

Lo que se esperaría es que esta vez el voto ciudadano vaya más cargado de mensajes estabilizadores y dinamizadores de cara a la buena marcha del país en todos los órdenes. Necesitamos equilibrios que aseguren estabilidad, que es la base insustituible del progreso real y sostenible. Hay que apuntarle a dejar atrás todas las formas de incertidumbre y de desconfianza que padecemos. Y es la actividad sana la que puede producir tal efecto.

La ciudadanía electora tiene ahora mismo la oportunidad de hacer valer lo que verdaderamente quiere y necesita para tener un presente más convivible y un futuro más esperanzador. Es hora de pensar muy bien la decisión que definirá el producto de las urnas.

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  • elecciones 2015
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