Ojo por ojo, diente por diente

El adagio popular ojo por ojo, diente por diente se ha vuelto un principio en el problema de la delincuencia en el que está sumergido el pueblo salvadoreño.
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Haciendo un balance de las muertes que se registran en un mes en El Salvador estas superan las muertes registradas por terrorismo de grupos extremistas en el mundo y, comparadas con la guerra civil de nuestro país, hay días o períodos en los que se han superado estas cifras.

En el país la delincuencia ha llegado a tal grado que hay una guerra frontal entre los miembros de pandillas llamados por el Estado grupos terroristas y miembros que resguardan el orden público como los miembros de la Fuerza Armada y miembros de la corporación policial.

Es frecuente ver que miembros de pandillas están asesinando a policías y soldados y a sus familiares, pero también es común leer, ver o escuchar en los medios noticiosos que miembros de pandillas fueron ajusticiados y no necesariamente en enfrentamientos armados. Esto es extremadamente peligroso porque da la sensación que estamos volviendo a tiempos del conflicto armado en El Salvador y da la sensación que el Estado ha perdido el control en el tema de seguridad pública.

Recientemente vimos al ministro de Seguridad Pública mostrar una celda en el penal de Zacatecoluca, donde manifestaba que ahí se iba a aislar a los que participaran o atentaran contra la vida de un miembro de la Fuerza Armada o de la Policía Nacional Civil, dándole cumplimiento al régimen especial penitenciario.

A la luz de cualquier salvadoreño estas medidas son justas y necesarias para que no se violente la vida de aquellos que, por convicción o por necesidad, son parte de la seguridad del Estado y que tienen el derecho y el deber de proteger a los salvadoreños de cualquier hecho delincuencial.

Pero, qué pasa con el salvadoreño común y corriente, al que llamamos en el caló popular el de a pie o el de la rebusca, acaso este no tiene el mismo valor como ciudadano ante la ley, la justicia, la vida misma y como decimos en buen cristiano: todos somos iguales ante Dios.

El gobierno enviaría un buen mensaje si también se castigara de la misma forma a aquellos que atenten contra la vida de cualquier salvadoreño. Se sabe que el Ministerio de Justicia no tiene los recursos para hacerle una celda a cada delincuente, pero con este anuncio se está mandando un mensaje de que vale más la vida de los que resguardan el orden público que del resto de los salvadoreños.

La Constitución nos señala que todos somos iguales ante la ley, pero este mensaje que dio el ministro de Seguridad pareciera que no, que hay en El Salvador personas que tienen más valor ante la vida y por pensar de esta manera, quizá tenemos esta patria hundida en una violencia que va en espiral.

El Estado ha reaccionado de una manera más radical y frontal en el combate a la delincuencia cuando policías y soldados han sido asesinados no en el cumplimiento de su deber, sino cuando estos han estado de licencia en sus lugares de residencia o cuando transitan en sus comunidades.

Qué debemos esperar para frenar la violencia y la delincuencia en El Salvador. Que el Estado y toda la clase política, indistintamente del color partidario que posean, se sienten seriamente a dialogar de manera consciente y con amor por El Salvador, para encontrar soluciones a corto, mediano y largo plazo a este mal social que está matando a los salvadoreños.
 

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