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Ola autoritaria en la región comparte el mismo patrón

Para el crimen organizado es mucho más fácil permear un Estado en el que se han perdido los controles, la gobernanza y la rendición de cuentas. En un escenario en el que la sociedad civil goza de pocos mecanismos de control sobre el gobierno, en el que al periodismo se lo persigue y sataniza y en que los movimientos sociales se enfrentan a militarización y a un sistema judicial cooptado, es mucho más probable el cultivo de prácticas corruptas, favorecimiento de privados, clientelismo y delitos de cuello blanco.

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Las tensiones por el retroceso democrático y el perjuicio del Estado de derecho, consecuencia del ascenso de regímenes autoritarios o con francas aspiraciones a dictaduras, son transversales a toda América Latina. Cada tanto, un país mesoamericano o sudamericano encara un evento eleccionario con ansiedades que oscilan entre revisionismo constitucional, el esfuerzo de fuerzas partidarias por lo general de nuevo cuño por acumular poder sobre una plataforma populista y una tirantez asfixiante entre los actores y las instituciones.

Recientemente Chile, Costa Rica y Colombia exhibieron ingredientes parecidos, aunque con un desenlace distinto; dentro de algunos meses, Brasil también celebrará unas elecciones que mostrarán de manera cruda las venas de su crónica democrática.

A la base de esos procesos se encuentran el hartazgo de sociedades que no encontraron en la política las respuestas que sus principales problemas demandaban así como la convicción de que algo debía cambiar en el ejercicio del poder público para volver viables transformaciones en la dinámica económica y en la urdimbre del tejido social. Que en casos como el salvadoreño, esos cambios no supusieran una evolución sino una involución del proceso de democratización y fortalecimiento institucional que la nación exige es un resultado de entre otros tantos posibles que no por eso desvirtúa los anhelos con que la población decidió.

Algunos sostienen que esa lógica pendular según la cual una sociedad pasa de períodos de florecimiento democrático y de conquistas ciudadanas ante el Estado a épocas de inspiración despótica y al socavamiento de las libertades y derechos del conglomerado para beneficio de una cúpula económica o facción política es la que explica, a partir de las insatisfacciones apuntadas, la ola de populismo que recorre la América hispanoparlante. Pero hay otros factores que propician esa tentación y otros intereses que se ven beneficiados por esa energía telúrica que recorre el subcontinente.

Para el crimen organizado es mucho más fácil permear un Estado en el que se han perdido los controles, la gobernanza y la rendición de cuentas. En un escenario en el que la sociedad civil goza de pocos mecanismos de control sobre el gobierno, en el que al periodismo se lo persigue y sataniza y en que los movimientos sociales se enfrentan a militarización y a un sistema judicial cooptado, es mucho más probable el cultivo de prácticas corruptas, favorecimiento de privados, clientelismo y delitos de cuello blanco. Una atmósfera de esas características también es propicia para que redes delictivas internacionales extiendan sus tentáculos, entiéndase tráfico de armas, de personas o de estupefacientes así como lavado de activos.

Esa posibilidad basta para llevar al centro de la discusión de la gente la necesidad de transparentar el financiamiento de las campañas políticas, para conocer qué grupos están patrocinando a tal o cual candidato, quiénes hicieron posible con sus aportes el triunfo de tal o cual instituto o partido.

La propaganda sigue siendo onerosa. Pese a que se vive en una época de redes sociales y de penetración digital como nunca se creyó, la popularidad sólo es posible luego de millonarias inversiones, de hacer parecer casual lo coreográfico, de producciones que rayan en el entretenimiento. Aunque a través suyo sea posible convocar a miles de personas a una demostración ciudadana sin gastar un centavo, hacer de las redes sociales un megáfono propagandístico en función de una persona, causa o gobierno requiere ingentes inversiones.

A más información pública, más control, más garantías a favor de la gobernanza, de la transparencia y de la democracia; y por eso es tan sospechoso que la epidemia de populismo que contagia algunos países de la región tenga como ingrediente repetido y denominador común la amenaza contra el derecho a la información y la libertad de prensa.

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Tags:

  • autoritarismo
  • América Latina
  • retroceso democrático

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