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Omisiones y énfasis en el discurso del tercer año

La principal preocupación de los salvadoreños es la situación económica. Como lo demuestra el más reciente estudio de opinión pública de LPG Datos, nueve de cada diez ciudadanos sostienen que la canasta básica y el costo de la vida ha aumentado.De percepción, eso no tiene nada, es un dato, una realidad que la cotidianidad arroja transversal a toda la sociedad, efecto de un crisol de factores nacionales e internacionales. Aunque la administración lidia con el alza en el precio de la gasolina a través de un subsidio que le supone desvelos y un estrés extra sobre las finanzas públicas, la inflación no retrocede.

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En el discurso que el presidente de la República brindó en el Salón Azul como rendición de cuentas de su tercer año en el poder, aquello de lo que no se habló fue más relevante que aquello de lo que se abordó. Y así, aunque su disertación giró exclusivamente sobre la guerra que su administración le ha declarado a las pandillas, la pretensión de ignorar la crisis económica fue ineficaz y ostensible.

La principal preocupación de los salvadoreños es la situación económica. Como lo demuestra el más reciente estudio de opinión pública de LPG Datos, nueve de cada diez ciudadanos sostienen que la canasta básica y el costo de la vida ha aumentado.

De percepción, eso no tiene nada, es un dato, una realidad que la cotidianidad arroja transversal a toda la sociedad, efecto de un crisol de factores nacionales e internacionales. Aunque la administración lidia con el alza en el precio de la gasolina a través de un subsidio que le supone desvelos y un estrés extra sobre las finanzas públicas, la inflación no retrocede. Y la tendencia alcista no es sólo resultado de la especulación de los comerciantes o de lo que el ministro de Hacienda denomina "fenómeno psicológico", sino el modo en que el mercado está tasando muchos productos y servicios a partir de la crisis mundial de abastecimiento.

En el contexto pospandémico y del conflicto en Ucrania y sus efectos en industrias como la de combustibles o la de granos, no hay gobierno en el mundo que pueda declarar una victoria sobre la inflación. Y la situación no mejorará en ningún lado al menos en los próximos dos años, según estimaciones del Banco Mundial, que sostiene que en la mitad de las economías más prósperas del globo el aumento en el costo de la vida está por encima del cinco por ciento. Se trata de una materia de fundamental interés ciudadano, de la plática de todos los días para el hombre y la mujer de la calle, y de un contenido que no le interesa a ningún gobernante a menos que admita que es momento de apretarse el cincho, de racionalizar el gasto, disminuir el tamaño del Estado y ser más responsable con la recaudación. Sí, contenido pesimista, poco popular, un mensaje depresivo, realista y perdedor.

El presidente se ha habituado a intervenir oficialmente para celebrar logros de su gestión o informar acerca de nuevas iniciativas. Pero su discurso de media semana fue más bien hueco, sin promesas por cumplir excepto la de que pronto le ganará la guerra a las pandillas. Esa es la victoria con que quiso identificar su tercer año, pero es probable que la efervescencia que precede a sus discursos a la nación se haya desinflado después de que no se refiriera a la economía, al bitcóin o a las pensiones.

La seguridad fue el principal problema y la preocupación más importante de los salvadoreños durante una década, y eso ha experimentado un cambio. Aunque el detalle de las medidas tomadas por el gobierno permanezca bajo celosas llaves, lo cierto es que estadísticamente la dinámica cambió. Pero después vino la ola homicida de marzo, y ahora hay justificadas dudas sobre qué tanto puede perdurar la llanura de cero asesinatos.

Bukele considera que en esa área se han alcanzado hitos, y los celebró en su discurso. Fue pues una noche dulce para el orador, rodeado de los aplausos de sus más cercanos, histriónico pero cómodo ante una audiencia oficialista. Pero es sintomático que no hablara de ninguna otra cosa. La única victoria que el gobierno teje, poco después del medio término, es la militar y policial contra esos grupos delincuenciales. El resto ha sido cuando menos un vía crucis al que no se quiere referir todavía.

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