Orando con Jesús en la playa

A la orilla de la playa, con mis manos enlazadas, sosteniendo mis rodillas y escuchando con asombro, como un niño, estoy sentado escuchando las divinas enseñanzas de Jesús Nazareno desde la barca pesquera que se mece suavemente sobre el ondulante mar...
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El Divino Pescador, con absoluta firmeza y con profunda ternura, nos dice muy dulcemente que el Dios eterno nos ama, que nos pide, humildemente, que amemos a nuestro prójimo y que le amemos a Él. Sus palabras y sus ojos se profundizan en mi alma y me siento un hombre nuevo, redimido, perdonado. ¡Bienaventurados los misericordiosos y los pacificadores, los de limpio corazón; los que no son codiciosos, los que no odian, los humildes, los que tienen la inocencia de los niños!, nos dice muy quedamente nuestro omnipotente Dios. Señor, yo quiero seguir tus huellas. Por las playas, por los montes, por los valles, por los ríos, por los tristes laberintos de mi amado “Pulgarcito” y por todos los recodos de mi inquieto corazón. Con cariño a mis compatriotas cercanos y lejanos en esta Semana Santa de 2013. ¡Bienvenidos los lejanos!

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