Oremos, hermanos en Cristo

La sorpresiva renuncia de Su Santidad Benedicto XVI plantea una situación a la que la Iglesia no se había enfrentado en muchos siglos, pero debemos verla con ojos de misericordia, como la actitud de un hombre que tuvo la humildad suficiente como para reconocer que ya no tenía la capacidad de continuar llevando el timón de la Barca de Pedro y debía hacerse a un lado para dejar que alguien con mayor fortaleza y capacidad pudiera tomar el timón de la Iglesia en momentos difíciles a los que se tendrá que enfrentar.
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La decisión no debe de haber sido fácil y una vez tomada, ¿tenía derecho? Sí, el Derecho Canónico lo único que pide para la renuncia papal es que sea voluntaria, manifiesta y sin ninguna presión.

¿Qué debemos hacer? Lo que Él nos enseñó: orar por el papa Benedicto XVI, para que encuentre la paz que busca que solo proviene de Dios. Orar por los cardenales que en el próximo cónclave tendrán la responsabilidad de elegir a su sucesor.

El papa Benedicto XVI renunció, pero la cabeza de la Iglesia es Cristo Jesús, y él estará allí siempre para guiarnos como se lo prometió a San Pedro cuando le encargó que cuidara de sus ovejas.

Por ahora esperemos, oremos y confiemos en Nuestro Pastor, Jesús de Nazareth.

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