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¿Orfandad Religiosa?

Se le atribuye al cardenal Rosa Chávez haber dicho que el papa no puede venir a un país que está en una “total putrefacción”.
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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Con estas palabras, poco menos que lapidarias, su eminencia cerraba toda posibilidad de que los salvadoreños fuéramos testigos de la santificación del beato Romero de parte del Sumo Pontífice en la tierra que lo vio nacer y morir. Esas palabras duelen, pero interpretan la realidad lacerante que vivimos los salvadoreños.

Es más, todo indica que estamos presenciando una carrera que se viene acelerando, donde la reserva moral de que dispone toda sociedad se vuelve cada vez más frágil para resistir una dinámica social perversa. De hecho, ni la toma de conciencia sobre nuestra cruda realidad, ni la presencia de instancias civiles con credenciales democráticas –que están haciendo hasta lo indecible para prevenir que el país caiga en un Estado fallido– resultan suficientes para contener esa vorágine de acontecimientos desestabilizadores y las actitudes diabólicas de unos pocos.

Tomemos, para el caso, las pasadas elecciones. Desde los procesos internos hasta el desenlace final, lo que se observa es una huella marcada por el cinismo y el engaño, signos inequívocos de que los ciudadanos seguimos a merced de entidades y personajes de dudosa reputación para dirigir los destinos del país. Incluso, hay en la palestra política personajes con aspiraciones presidenciales, que arrastran una enorme deuda con la sociedad, al señalárseles por presuntos delitos civiles y/o penales, pero que la misma prostitución del sistema político los protege y les abre espacios para que, dada la impunidad imperante, arremetan contra nuestra débil institucionalidad. El blindaje de corruptos es parte de ello, como lo es el espectáculo que estamos presenciando en torno a la elección de la Sala de lo Constitucional, que tampoco es ajeno a la bochornosa actitud del sector político, aupado en la desvergüenza de las entidades que propusieron a los 30 candidatos.

En un marco más general, el tema del agua –sobre el cual hemos expresado una preocupación constante– no es ajeno a esa dinámica perversa... No claudicamos en nuestra adhesión al sistema de libre empresa, pero en este caso particular, alzamos nuestra voz en beneficio del interés común. Sin embargo, también tenemos derecho a protestar cuando el gobierno politiza el tema acudiendo a prácticas del pasado para, en un intento de desviar la atención de sus fracasos, promover la desobediencia social y el odio de clases.

En otro plano, y contrario a lo que muchos deseamos, una entidad surgida del Acuerdo de Paz, como la PNC, se ha visto seriamente comprometida en actos que dejan al descubierto peligrosas anomalías en su interior que erosionan su imagen, en tanto que se le señala por no impedir la fuga de delincuentes, como el radicado en Suiza o a presuntos involucrados en el “Saqueo Público”. Esto no ignora que la corporación está mayormente integrada por buenos elementos. El caso es que la ciudadanía se siente cada vez más temerosa de sus actuaciones.

La descarnada y creciente oleada de “feminicidios” y, en general, los abusos contra la mujer, como también nuestra actitud frente a la tragedia que viven nuestros compatriotas, pueden asimismo ser asimilados a la descomposición social que estamos observando. Con esto, nos quedamos cortos, pero al mismo tiempo pensamos que precisamente por eso y mucho más, el Santo Padre debería de habernos visitado para traernos la ilusión de que todavía hay espacios para la redención.

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