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Ortega-Murillo: genocidas, cobardes

El diálogo se interrumpe y reinicia intermitentemente, mientras las huestes Orteguistas recorren el territorio aniquilando la resistencia desarmada. Es el más brutal genocidio en América en tiempos recientes...
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Rafael Castellanos / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Continúan llegando noticias desde Nicaragua, jóvenes se manifiestan pacíficamente y desarmados contra el régimen dictatorial y policía, paramilitares y francotiradores con acento cubano los matan como animales, los cercan, los persiguen, les disparan a la cabeza, sin compasión.

En casi 2 meses van cerca de 351 asesinados por los Orteguistas. Nada los detiene, llegan a las ciudades los famosos pick up negros con encapuchados, penetran las ciudades como la heroica Masaya y disparan a matar indiscriminadamente. Sacrílegamente atacaron refugiados en una iglesia de Managua según el cardenal Leopoldo Brenes, es la crisis más sangrienta en Nicaragua, por la cantidad de muertos en tan poco tiempo y lo desigual del enfrentamiento, asesinos con fusiles AK-47 y Dragonov, disparan a matar a jóvenes desarmados, muchos a la cabeza.

Se instaló un diálogo con la Iglesia mediando, Ortega-Murillo lo utilizaron como distracción táctica, el tirano sostuvo abandonar al cumplir el período, no antes. El diálogo se interrumpe y reinicia intermitentemente, mientras las huestes Orteguistas recorren el territorio aniquilando la resistencia desarmada. Es el más brutal genocidio en América en tiempos recientes, similar al exterminio étnico en Ruanda. Ortega y Murillo pasan a la historia como los peores asesinos de América.

En Nicaragua la Iglesia se ha volcado a proteger a los mártires, monjas, sacerdotes, obispos y el cardenal han puesto su cuerpo como escudo protector de los jóvenes, el nuncio apostólico pide cese la matanza. En más de una docena de países las comunidades jesuitas y otros religiosos condenan duramente el genocidio, igualmente los gobiernos de muchos países exigen el cese de la represión. “Ni un muerto más, elecciones adelantadas (la salida de Ortega) y la restauración de la paz en Nicaragua”.

Indigna aunque no sorprende que nuestro gobierno y el FMLN apoyen a su colega del siglo XXI avalando la masacre de tantos jóvenes desarmados. ¿Como es posible que se atrevan a semejante desfachatez? El país no lo avala, eso los convierte en cómplices detestables, la historia los juzgará muy duramente.

Igualmente indigna que la Iglesia salvadoreña y la comunidad jesuita hayan permanecido en silencio ante estos crímenes, ¿no son los mensajeros de Dios? Si los jesuitas de otros países los condenan por qué los de El Salvador callan, por eso en las redes sociales les dicen que son falsos y que para protestar por una supuesta privatización del agua saltan y frente a un genocidio permanecen en silencio. No se les puede culpar, como dice el evangelio “por sus hechos les conoceréis”.

El ahora beato y pronto santo Romero dejó para la posteridad una frase que aplica a Nicaragua y quisiéramos que la Iglesia salvadoreña la tomara: “en el nombre de Dios les ordeno, cesen la represión” y no escuchar de ellos silencio como ahora.

En el terreno práctico como me cuenta gente de la comunidad académica empleados internacionales y de Nicaragua, ven difícil la salida de Ortega en forma pacífica, solo saldrá por la fuerza o con los pies por delante. La gran empresa tiene responsabilidad, hicieron con Ortega un pacto con el diablo, “yo los dejo hacer negocios y ustedes no se meten en política”, hoy tienen que asumir su responsabilidad y ayudar a la salida.

Hay quienes invocan a un Rigoberto López Pérez o un Chacal para poner fin a esto, hay quienes sugieren intervención militar multilateral, ya que Ortega autorizó tropas cubanas y venezolanas a entrar. Muy complicado.

Lloramos por Nicaragua.

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