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Otra vez: no crean lo que dicen sino lo que hacen

Como analizamos en el artículo anterior, no cabe duda de que estamos frente a un proceso de deterioro del actual sistema de partidos políticos, y como contrapartida, frente a un proceso de creciente distanciamiento de las preferencias electorales ciudadanas ante ellos. Ya llegamos al punto donde la mayoría de electores son “los sin partido”.

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Desde hace algunos años, esos procesos han dado pie a la búsqueda del “Vellocino de Oro”, de una “tercera vía” que pueda canalizar el desencanto, la indignación, así como la esperanza de cambio perdida. Acá entran las intenciones presidenciales de Bukele. Un fenómeno que puede tener mucho de espuma, pero que está moviendo el escenario político, y que incluso puede abrir una disputa para las elecciones presidenciales a tres, e incluso cuatro bandas.

Hay varios factores, además del descontento con el sistema partidario, que están contribuyendo a que la iniciativa de “las nuevas ideas” comience a acariciar la posibilidad de adentrarse con fuerza en ese electorado que no se encuentra en lo que hay. Entre algunos de estos factores están la forma cómo Bukele fue expulsado del FMLN, el aparecer como víctima de los poderes establecidos y del sistema político, su poder mediático, el buen arte del maquillaje político, y sobre todo su discurso.

El discurso de presentarse como alternativa a la “oligarquía roja o tricolor”, de criticar con fuerza el actual sistema político partidario, de ser la opción a los que ya fracasaron como opción de cambio, de jugar a víctima y redentor, de ofrecer lo nuevo (aunque no tenga contenido), de ser el David del futuro luchando contra el Goliat del pasado y de lo tradicional, son elementos seductores, especialmente para las mentes políticamente perezosas. Y si los grandes partidos políticos no mueven hacia adelante su discurso, y sobre todo sus prácticas, y/o no aparece una tercera alternativa creíble, no cabe duda de que la seducción electoral de Bukele será mayor y su candidatura podrá ir adentrándose cada vez más entre el desencantado mundo de “los sin partido”. Hoy más que nunca los dos grandes partidos están obligados a renovarse, liberarse de sus “malos espíritus” y modernizarse.

Ahora bien, el discurso no basta, pues los discursos políticos en seco, sin ser consecuentes con la práctica, son cada vez menos creíbles. Lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace, no es tanto lo florido del verbo sino la calidad del comportamiento y las actitudes, no valen tanto las nuevas ideas sino la limpieza de la trayectoria personal. Y he acá el Talón de Aquiles del que quiere ser presidente. No se puede creer a quien con un poco de poder ha manifestado intolerancia a la crítica, al punto de llegar a lo más bajo de usar la vida privada de las personas; al que ante el oponente ejerce con venganza su autoritarismo; al que está siendo investigado por haber realizado dudosas licitaciones públicas para enriquecimiento personal o familiar, o por dirigir oscuras y difamatorias redes sociales; al que fue condenado por el Tribunal de Ética por nepotismo.

La mayoría de los dirigentes políticos dicen una cosa y hacen otra. Este nuevo dirigente no es la excepción. Así que por favor, no crean en lo que dice sino en lo que ha hecho y podrá hacer en consecuencia.

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