Lo más visto

Más de Opinión

¿Otro desliz legislativo?

Aunque en teoría las nuevas autoridades superiores de la Corte de Cuentas solo durarán en sus cargos siete meses –para terminar el período de sus antecesores nombrados de manera irregular– los señores diputados se tomaron cuatro meses más del tiempo que les había señalado la Sala de lo Constitucional para proceder a una nueva elección.
Enlace copiado
¿Otro desliz legislativo?

¿Otro desliz legislativo?

¿Otro desliz legislativo?

¿Otro desliz legislativo?

Enlace copiado
Seguramente pocos conocen la trayectoria de los nuevos funcionarios, pero es claro que el escrutinio social sobre su trabajo, será más constante y severo, a partir de los problemas heredados de quienes los antecedieron. No deben olvidar, que dentro de la misma entidad hay grupos de interés encontrados, mientras externamente su imagen está totalmente deteriorada.

¿Pero, por qué tardó tanto tomar esa decisión? Aquí caben varias suposiciones. Una puede estar relacionada con una acción deliberada –liderada por el partido gobernante– de demostrar por enésima vez, que todo lo que provenga de dicha Sala les vale. Otra, tratar de evitar críticas alrededor del consabido reparto de cuotas. Y una más, la tarea nada fácil encontrar a las personas idóneas para lavarle de una vez por todas el rostro a una entidad que desde hace mucho tiempo viene cumpliendo un papel desteñido, por no decir censurable, al haber cohonestado prácticas corruptas o, cuando menos, haber tolerado por acción u omisión, conductas de terceros reñidas con su misión. Dicho sea de paso, no deja de sorprender que entre la última lista de postulantes apareciera un personaje folclórico que no hace mucho salió por la puerta de atrás, a pesar de que todavía no era público el finiquito exprés que le otorgó a un exgobernante, ahora prófugo de la justicia.

Quizás ese mismo desprestigio histórico explica el porqué personas ampliamente reconocidas por su profesionalismo, integridad y con suficiente carácter para no doblar la testuz ante nadie no se postulan para tan importantes cargos. El manoseo político, el chantaje y el vasallaje sin duda nos han privado a los salvadoreños de contar, desde los tiempos del PCN en el poder, con una entidad que en otros países con una institucionalidad consolidada constituye un bastión fundamental para que la democracia liberal funcione, los recursos públicos no se escapen por la cloaca de la corrupción y la población en general reciba bienes y servicios públicos de calidad y acordes con su demanda.

Independientemente de los forcejeos que pueden haberse dado alrededor de los supuestos antes mencionados, es lamentable la ignorancia o, para decir lo menos, el descuido imperdonable en que cayeron las diferentes fracciones, al no reparar en que para que pudiera negociarse un crédito puente mientras se colocaba la emisión de bonos por $550 millones, era indispensable el aval del ente contralor. Hoy parece que los tiempos se han vuelto críticos para acceder a esos recursos, por el proceso administrativo y legal que tiene que seguirse y cuya duración puede poner más en apuros al ministro de Hacienda para cumplir con los compromisos en lo que resta del año.

Sin menoscabo de lo dicho antes, hay que advertir que inmediatamente después de la juramentación de los tres nuevos jerarcas del ente contralor, empezaron a circular en las redes sociales versiones de que una decisión largamente postergada no está exenta, nuevamente, de ciertas irregularidades. No somos nosotros los llamados a emitir juicios sobre el particular, aunque no sea porque desconocemos la trayectoria de los ungidos. Además, ya nos equivocamos rotundamente cuando ingenuamente nos unimos a quienes veían en la figura de un ex fiscal general –ahora defenestrado– un elemento valioso para integrar una nueva generación de funcionarios públicos probos, cumplidores de la ley y sobre todo comprometidos con los más altos intereses del país. Pero idealistas o pen... sadores como somos, les damos el beneficio de la duda a los nuevos funcionarios, recordándoles, eso sí, que gran parte de las penurias fiscales y la corrupción desenfrenada que estamos enfrentando se deben a la indolencia, cuando no a la complicidad, de sus antecesores.

Lee también

Comentarios