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Otro enero: mes del adulto mayor

No quise dejar pasar enero sin referirme a su deferente dedicación a la población “Adulta Mayor”, instituida entre entidades gubernamentales, ONG y otros, que se han volcado en leyes, atenciones, cuidados, protección y defensa de los derechos de las personas “grandes”, quienes ya vivieron la mayor parte de sus vidas, y con donaire hoy disfrutan de la forzada pausa de afanes y energía que otrora fueran sus retos y herramientas, marcando hoy un compás de pasividad, de gratitud a Dios; y al pecho un relicario de pasadas glorias, alcanzan la cresta de la vida.
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Mis respetos, mi consideración y mi gran cariño por las señoras y los señores entrados en años, por su fragilidad, por sus dolamas, por sus conversaciones y por esas lágrimas de oro que con tanta facilidad les fluyen... Mis felicitaciones y bendiciones para los hijos, nueras, yernos y nietos que se ocupan de sus viejitos con mucho amor y dedicación. ¡Ese es el cuadro ideal, la foto perfecta de la familia! ¡Qué bendición que los ancianitos estén bajo techo, con su cama, su mecedora o su hamaca, sus alimentos, su tele, su medicación, y con alguien que los escuche, que se ocupa de ellos! ¡También felicitaciones y agradecimientos a los asilos que tan gentilmente los acogen!

Bueno, siempre salgo con domingo siete: me permito recordar que lo que se siembra es lo que se cosecha... ¿Fuimos, acaso, mujeres “galantes” que agarrábamos el aborto de chapupa... Abandonamos, atropellamos, descuidamos a nuestros indefensos niños... Cuando la niña salió embarazada, ¿la lanzamos a la calle?... Cuando el varón se inclinó por lo negativo, ¿nos interesamos en él y lo ayudamos?... ¿Nos fajamos para procurarles una vida digna, llena de buenos ejemplos, con su progenitor fuerte, luchador, proyector de imagen positiva que los muchachos quisieran copiar... ¿Nos dimos a querer con ellos?

Aunque la ingratitud existe, lo normal es que hijos bien tratados amarán y servirán a sus padres, especialmente en el ocaso de sus vidas. Caso contrario, hijos que sufrieron demasiado el imperio de los padres podrán atenderles en su vejez, por un deber. Incluso las leyes los podrán obligar, pero considero que la mejor ley en estos casos es la del amor, el reconocimiento, la gratitud.

Pero qué bueno que estamos vivos aún, ¿verdad? ¡Mientras hay vida hay esperanza! Lo hecho, hecho está, pero si Dios nos perdona a todos sin importar el color del pecado, quiénes somos nosotros para no pedir perdón y para no darlo. Algunos señores actuaron mal con nosotros más bien por ignorancia, copiando arquetipos; por tanto es fácil comprender eso y perdonarles... basta con que nos dieron el ser.

Mi buen consejo a los Adultos Mayores sería en dos líneas: Espiritual: si su mente está bastante buena, recordarán las ingratitudes cometidas en la juventud; es tiempo de aprovechar la vida para pedir perdón al Altísimo y a quienes ofendieron (si pueden restituir en algo, háganlo). Acérquense a Dios, Él no desecha al que viene a Él, y sean lindas personas de aquí en adelante. Material: no repartan herencia mientras todavía vivan, cuiden las escrituras para que nadie las vaya a hipotecar. Pero tampoco les dejen problemas a los suyos, hagan un testamento concienzudo dejándole lo que hoy tienen a los suyos, como ustedes lo deseen. Considero que la Vejez es una linda etapa en la que ya no predominan la avaricia, malicia, ingratitud, lascivia, críticas, deseos de venganza. ¡Es hora de amar, bien-recordar, perdonar, ayudar, dar, donar; y disfrutar cada crepúsculo como si fuera el último; y reír agradecidos al participar en otra aurora. Ha sido corta la temporada en la tierra de Dios, es infinita la estadía con Él en las estrellas.

Tags:

  • tercera edad
  • niños
  • adultos mayores
  • gratitud
  • amor

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