Otro punto de vista

¡Ha llegado la hora de que los ciudadanos se coloquen en primera fila! El Salvador es demasiado importante para dejarlo en manos únicamente de burócratas y empresarios.
Enlace copiado
Otro punto de vista

Otro punto de vista

Otro punto de vista

Otro punto de vista

Enlace copiado
Hay suficientes ideas y propuestas para sacar adelante al país. Y, entonces, por qué sigue El Salvador sumergido en la polarización, la violencia delincuencial y la desesperanza. La respuesta es concluyente: la pasividad ciudadana. Eso se debe, en gran medida, a que la sociedad ha estado secuestrada por el mercado y el Estado. Es decir, el común denominador entre neoliberales y neoestatistas es que ambas corrientes restringen la participación de los ciudadanos en los asuntos que les afectan sus vidas.

Por otra parte, la economía criminal está rebasando al poder público. Una prueba de ello es que el Estado está perdiendo el control territorial y los negocios ilícitos (prostitución, compra y venta de drogas, contrabando y tráfico de personas y armas) se han expandido a nivel nacional y centroamericano. Estas operaciones provocan a su vez la expansión de la violencia delincuencial y el deterioro de la calidad de vida de millones de salvadoreños.

Para hacerle frente a esta problemática, es necesario disponer de un certero diagnóstico. De lo contrario, las estrategias que se ejecuten corren el riesgo de ser ineficaces y onerosas. Por ello, es urgente que los gobernantes definan si hay “guerra social” en el país. Este ensayo plantea que no hay “guerra social”. El fenómeno que existe se llama “economía criminal” y se define como el conjunto de negocios basados en actividades ilícitas y violentas que corrompen al sistema político, judicial y financiero.

Otra forma de conceptualizar dicho fenómeno es como “la instrumentalización de la violencia social con fines criminales y económicos”. Ambas descripciones enfatizan el impulso mercantil que motiva la violencia delincuencial y trazan su vinculación con redes de negocios irregulares e internacionales. Con ello en mente, a continuación se presentan tres escenarios para que usted saque sus propias conclusiones.

Escenario 1. El Estado reconoce que hay “guerra social” y por ende, opta por la militarización y la represión. Varios ideólogos de la “guerra social” argumentan que la violencia delincuencial es una expresión psico-social del neoliberalismo y en contraposición promueven el neoestatismo. Lo que no dicen estos actores es que la violencia delincuencial se basa en el odio, que es un gran negocio para el crimen organizado y que conduce a la anarquía y luego al autoritarismo.

Escenario 2. Los tomadores de decisión aceptan que hay “guerra social” y por ende, respaldan la negociación con bandas delincuenciales. Lo delicado de esta posición es que se asumiría que los grupos criminales están elaborando un proyecto político y accionando violentamente para disputar el poder público. Este argumento es contradictorio porque además de violentar el Estado de derecho, presumiría que los malhechores extorsionan, asesinan y roban para derrotar al neoliberalismo, la pobreza y la exclusión social.

Escenario 3. El Estado y la ciudadanía rechazan que exista “guerra social” y reconocen que hay que combatir frontalmente la corrupción, impunidad, criminalidad y desigualdad. Asimismo, destacan la conveniencia de iniciar un proceso (diálogo nacional) para construir un modelo de desarrollo basado en la participación ciudadana, el imperio de la ley, la localización y el bien común de las presentes y futuras generaciones.

Tags:

  • polarizacion
  • violencia
  • empresarios
  • politicos
  • ciudadania

Lee también

Comentarios

Newsletter