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PNC debe volver a sus raíces

La policía Carla Ayala ya casi cumple un mes desaparecida. Hace una semana, su mamá perdió la esperanza de encontrarla con vida. Y no se trata que Carla sea una víctima de la escalada de la violencia de las pandillas, las estructuras criminales más poderosas en este momento en el país, sino de estructuras criminales enquistadas en la Policía Nacional Civil (PNC).

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Luis Laínez / Subjefe de Información de LA PRENSA GRÁFICA

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Y otra agente acaba, esta semana que recién finaliza, de revelar que demandó a sus compañeros policías por violación. La PNC ha ocultado información, aletargado procesos y encubierto culpables. El caso de la policía Ayala se agrava más, sabiendo que un equipo élite de la corporación, el Grupo de Reacción Policial (GRP) es el centro del escándalo, con una fiesta descontrolada en sus instalaciones en la que hombres armados se emborracharon y se saltaron todos los protocolos de seguridad.

La PNC nació con los Acuerdos de Paz, hace 26 años, para sustituir a los cuerpos militares de seguridad pública (Policía Nacional, Policía de Hacienda y Guardia Nacional). El consenso entre las partes era tener una corporación civil encargándose de la seguridad pública en un país que recién iba saliendo de la guerra.

Nunca fue fácil. La creación misma de la PNC, con cuotas de militares y exguerrilleros, fue una prolongación de las estructuras militares previas. No es que los militares per se sean malos, sino que el concepto de una policía cercana a la ciudadanía era la aspiración para el desarrollo de la nación.

Normalmente, la Policía ha estado a la altura de las circunstancias, enfrentando a la delincuencia de una manera honorable y desinteresada. Hemos visto policías sacrificándose por proteger a los ciudadanos y, en conjunto con militares en los últimos tiempos, enfrentarse a las cada vez mejor armadas pandillas.

Pero no se trata de dar un cheque en blanco. Precisamente por estar formada por civiles, deben seguir las leyes que rigen al resto de ciudadanos. Nuestra Policía debe ser un faro de luz, no el lugar en donde unos cuantos criminales busquen refugio, escondiéndose detrás de los verdaderos héroes.

Las autoridades de la PNC deben ser contundentes en momentos como este, no decirnos un día que el policía acusado de desaparecer a su compañera es el “número uno de la lista de los más buscados” y tres días después revelar que nunca lo pusieron en tal listado. Si se cometieron delitos dentro de la Policía, deben investigarse. Hace años —a la luz del conflicto ideológico del origen diferente de los oficiales— se realizó una depuración que parecía caza de brujas. Incluso se crearon pruebas en contra de oficiales que no provenían de la exguerrilla.

No, tampoco estamos para eso. Como ciudadanos demandamos tener una Policía inspiradora, cuyo lema de “servir y proteger” sea más que un eslogan. Ya hay muchos policías que cumplen esto. Solo unos pocos están al margen de la ley.

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