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“Padre Nuestro”

Al rezar al “Padre Nuestro” sentimos su mirada sobre nosotros. Lo afirmó el Papa Francisco en una de sus homilías. Para un cristiano, las oraciones no son “palabras mágicas”. “Padre es la palabra que Jesús pronuncia siempre en los momentos fuertes de su vida”.
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No desperdiciar palabras como los paganos, no pensar que las oraciones sean “palabras mágicas”. En el Evangelio, en el que el Señor enseña la oración del “Padre Nuestro” a sus discípulos, para detenerse en el valor que tiene rezar al Padre en la vida del cristiano. Jesús indica precisamente el espacio de la oración en una palabra: Padre.

Jesús se dirige siempre al Padre en los momentos fuertes de su vida. Este Padre que sabe de qué cosas tenemos necesidad antes de que se las pidamos. Un Padre que nos escucha en lo secreto, como Él, Jesús, nos aconseja rezar: en lo secreto.

Este Padre que nos da precisamente la identidad de hijos. Y cuando digo ‘Padre’ llego hasta las raíces de mi identidad: mi identidad cristiana es ser hijo y esta es una gracia del Espíritu Santo. Nadie puede decir ‘Padre’ sin la gracia del Espíritu. ‘Padre’ que es la palabra que Jesús usaba en los momentos más fuertes: cuando estaba lleno de alegría, de emoción: ‘Padre, te alabo, porque tú revelas estas cosas a los pequeños’; o llorando, ante la tumba de su amigo Lázaro: ‘Padre, te doy gracias porque me has escuchado’; o también después, en los momentos finales de su vida.

En los momentos más fuertes, Jesús dice: Padre. Es la palabra que más usa. Él habla con el Padre. Es el camino de la oración y, por esta razón es el espacio de la oración. Sin sentir que somos hijos, sin sentirse hijo, sin decir Padre nuestra oración sería pagana, es una oración de palabras.

Ciertamente se puede rezar a la Virgen, a los Ángeles y a los Santos. Pero la piedra angular de la oración es “Padre”. Si no somos capaces de comenzar la oración con esta palabra la oración no irá bien:

En la parte en que en la oración del “Padre Nuestro”, Jesús hace referencia al perdón del prójimo, y a cómo Dios nos perdona a nosotros. Si el espacio de la oración es decir Padre el clima de la oración es decir ‘nuestro’: somos hermanos, somos familia. Y recordando lo que sucedió con Caín que ha odiado al hijo del Padre, ha odiado a su hermano. El Padre nos da la identidad y la familia. Por eso es tan importante tener capacidad de perdón, olvidar las ofensas, ese sano hábito de decir ‘dejemos pasar... que haga él, el Señor’ y no tener rencor, resentimiento ni ganas de venganza. Rezar al Padre perdonando a todos, olvidando las ofensas es la mejor oración que podemos hacer.

Es bueno que algunas veces hagamos un examen de conciencia sobre esto. ¿Para mí, Dios es Padre, yo lo siento Padre? Y si no lo siento así, pido al Espíritu Santo que me enseñe a sentirlo así. ¿Y soy capaz de olvidar las ofensas, perdonar, dejar pasar o si no, pedirle al Padre ‘también estos son tus hijos, me han hecho algo malo... ayúdame a perdonar’? Hagamos este examen de conciencia sobre nosotros y nos hará mucho bien. ‘Padre’ y ‘nuestro’: nos da la identidad de hijos y nos da una familia para ‘ir’ juntos por la vida”.

Acudamos al Señor y a Su Santísima Madre –que también es nuestra Madre– para pedirles esa gracia de reconocerlo siempre como Padre y para saber perdonar las posibles ofensas de todos.
 

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