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"País jaula"

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Rafael Ernesto Góchez

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La mayoría de viviendas están enrejadas y tienen puertas de hierro y son aseguradas con candados o doble cerradura. Numerosas calles han sido cerradas con portones y vigilantes particulares controlan la entrada de residentes, visitantes y transeúntes. Muchas oficinas, centros educativos y negocios están custodiados o cercados. Las principales avenidas del AMSS tienen cámaras o sistemas de videovigilancia. Hay más agentes de seguridad privada que de la PNC. El Ejército tiene años de estar patrullando las calles en apoyo a la seguridad pública.

El salvadoreño promedio se siente inseguro al salir de su vivienda, al caminar en las aceras y al usar el transporte público. El peligro acecha porque numerosos coterráneos están usando la fuerza bruta como modus vivendi. Prueba de ello es que la economía criminal (extorsión, prostitución, contrabando, venta de drogas, tráfico de personas y más) está a la base de las bandas delincuenciales que dominan incontables comunidades, barrios y cantones, lo que provoca que incalculables personas opten por encerrarse en sus casas. Por otra parte, el endurecimiento de las fronteras (desde EUA hasta El Salvador) hace más difícil y onerosa la emigración irregular. Todo lo anterior lleva a que muchos ciudadanos sientan que El Salvador se ha convertido en un "país jaula".

La ofensiva antiinmigración hace prever que se incrementará el número de personas retornadas, deportadas y repatriadas, y la presión que ejercerá dicha población sobre el gobierno de turno. ¿Por qué? Porque aumentará la demanda de servicios públicos y de empleos a nivel local. Este escenario es razón suficiente para implementar políticas de Estado que mejoren la calidad de vida de la población en su lugar de origen.

Ante tan retador panorama, convendría que El Salvador fuera gobernado en función de objetivos comunes. Por ello, seguidamente se hacen unas reflexiones que merecen atención.

Reflexión 1. Vivir con dignidad. La inversión en educación, la protección efectiva de la libertad de expresión y el fortalecimiento de las instituciones democráticas son los cimientos para construir una sociedad productiva, inclusiva y civilizada. La innovación tecnológica es una tarea inaplazable, pero lo sustantivo es que los ciudadanos ejerzan sus derechos y cumplan con sus obligaciones.

Reflexión 2. Vivir de acuerdo con los recursos disponibles. Muchos connacionales quieren tener un nivel de consumo lejos de su nivel de ingreso y deambulan en una "realidad virtual", dándole la espalda a la realidad nacional y familiar. Esto conviene revertirlo porque El Salvador necesita de trabajo duro para aumentar la productividad, vencer la pobreza y recuperar los ríos.

Reflexión 3. Vivir en armonía. Lo primero es reconocer y potenciar cinco cualidades que tienen la mayoría de los salvadoreños, a saber: (1) laboriosidad, (2) solidaridad, (3) resiliencia, (4) deseos de superación y (5) amor a su madre. Estas virtudes deberían ser reforzadas en todos los niveles y sectores a fin de lograr una sana convivencia y fortalecer el sentido de pertenencia.

Conclusión: El Salvador enfrenta una nueva adversidad y nadie pareciera dimensionarla. El impacto de la ofensiva antiinmigración en la vida nacional es apenas percibido por la población. El punto es que al frenarse la emigración masiva (cierre de la válvula de escape) es previsible un decrecimiento de la exportación de mano de obra y del ingreso de remesas. Consecuentemente, los salvadoreños deberían entender que el modelo centralista y expulsor de población es insostenible, y que conviene construir un país donde se viva dignamente.

Tags:

  • viviendas
  • economía criminal
  • antiinmigración
  • reflexión
  • dignidad
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