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Pandemia pone al mundo de rodillas

Cooperemos y obedezcamos el mandato presidencial: no salgamos de nuestras casas, por el tiempo estipulado.

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Carlos Alejandro Varaona

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Estamos viviendo tiempos proféticos. El coronavirus ha puesto en evidencia la pequeñez del hombre. Estamos en manos de Dios. Aquí no sirve el dinero, ni las influencias, ni la condición social: mueren unos igual que otros. Los que creemos en Dios tenemos un asidero para tomar valor y una esperanza para refugiarnos. Los ateos viven una tragedia espantosa, con la muerte se acaba todo. Yo los invito a que se acerquen y conozcan a Dios y se darán cuenta de que morir ya no es tan terrible, que la esperanza es lo último que se pierde.

Me llama la atención que en estos últimos meses se dio el gigantesco incendio forestal en Australia por falta de lluvia, que no se podía sofocar con nada a pesar de la ayuda internacional; luego vino la plaga de langostas que atacaron las cosechas en África; y luego el coronavirus que se ha propagado a nivel mundial. Y lo que más me ha impresionado es que en Crónicas 2, 7:13-15 dice: "Cuando yo cierre los cielos para que no llueva, o le ordene a la langosta que devore la tierra, o envíe pestes sobre mi pueblo, si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar". El poder de la oración.

Pero como reza el dicho popular: "No hay mal, que por bien no venga" De esto saldrán muchas cosas buenas. Muchos convertidos al Cristianismo. Muchas lecciones que el mundo comercial había ignorado y estaban desechando, como son los valores, el respeto, la dignidad, la ética, la moral, la lealtad, la caridad, la religión. Han proliferado la ambición, la soberbia, la avaricia, la pornografía, el odio, el egoísmo, el rencor, la ausencia de valores, el ateísmo.

No hay duda de que esta es una dura prueba para la humanidad. Habrá muchas muertes, habrá mucho dolor. Habrá mucha reflexión sobre lo que es importante en la vida. Pero no hay que amilanarse, recuerden que después de la tormenta viene la calma y como dice otro dicho popular: "No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista". Y por más oscura que sea la noche siempre hay un amanecer, siempre sale el sol.

Gracias a Dios nuestro presidente Nayib Bukele ha tomado decisiones acertadas, medidas drásticas y la incidencia del COVID-19 en nuestro país es mínima. Cooperemos y obedezcamos el mandato presidencial: no salgamos de nuestras casas, por el tiempo estipulado, a menos que sea una emergencia, y pidámosle a Dios que pase esta terrible pesadilla y aunque el mundo va a cambiar y nada volverá a ser lo mismo, que Dios nos permita seguir con nuestras vidas... si es que sobrevivimos. A Dios sea la gloria.

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