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Para alivio de males

El fútbol es importante, además, porque es sintomático y alegórico de todo lo que está mal en nuestra sociedad.
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<p>[email protected]</p><p></p><p>Mientras la gravísima crisis en la esfera institucional y política continuaba acaparando la atención de los medios de comunicación y de la ciudadanía más educada y consciente, otra crisis se incubaba inadvertidamente en el ámbito deportivo, poniendo en riesgo lo único que parece entusiasmar y unir a un pueblo agobiado por un presente muy problemático y un futuro cada vez más incierto.</p><p>Calladamente, sin provocar turbulencias, sin amagos ni amenazas, el director técnico de nuestra Selecta agotó su paciencia, dejó tirado el trabajo de muchos meses y voló a su patria, dejando una nota de renuncia con breve exposición de motivos para ser entregada, tras su partida, al Comité Ejecutivo de la Federación Salvadoreña de Fútbol.</p><p>Sus logros no habían sido maravillosos pero tampoco eran despreciables. Fue objeto de críticas más o menos objetivas, pero también blanco de ataques injustos y mal intencionados.</p><p>Ningún director técnico es monedita de oro. El fútbol despierta pasiones. Sería difícil encontrar un solo aficionado que no se sienta más competente que el director técnico para conducir al equipo de sus simpatías. Cualquiera es buen torero detrás de las bardas.</p><p>Así son estas cosas. Los aficionados se vuelven fanáticos con pasmosa facilidad. Hasta los flemáticos ingleses se vuelven salvajes cuando se toman en masa las calles de las ciudades en las que pierde su equipo.</p><p>Los árbitros y los directores técnicos siempre son culpables mientras no se demuestre lo contrario, y nunca es posible demostrar lo contrario.</p><p>Don Rubén Israel sabía a qué atenerse cuando firmó contrato y tomó las riendas de nuestra Selecta. Debió haber aguantado el ácido de la crítica injusta sin caer en el juego de dimes y diretes con sus detractores.</p><p>Pero eso no les resta responsabilidad por actuaciones impropias y poco profesionales a algunos periodistas. Tampoco a mi estimado amigo Jaime Rodríguez, quien llegó a extremos que casi rayan en ilegalidad al embargar el salario del Sr. Israel sin causa justificada.</p><p>La Selecta ha quedado súbitamente acéfala, a las puertas de importantes compromisos en la fase eliminatoria del próximo mundial. Eso ha dado lugar a comentarios jocosos y sarcásticos en las redes sociales, como el que hizo un chavo proponiendo encomendarle la conducción de la Selecta a Hato Hasbún, para completar la rueda de caballitos haciéndole honor a su merecida reputación de apaga fuegos del presidente Funes. Y no sería tan mala idea, porque Hato también sabe mucho de fútbol, pero tendrían que liberarlo de otras responsabilidades, como debió hacerlo el presidente antes de nombrarlo ministro de Educación.</p><p>Pero ya fuera de bromas, lo de la Selecta amerita reflexión y buenas decisiones. Todos sabemos que para El Salvador es muy cuesta arriba el camino a un mundial. Sin embargo, siempre apoyamos con entusiasmo y lealtad los esfuerzos, porque es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos, aunque sea por fugaces momentos cuando nos ponemos a la par de los grandes o cuando logramos superar a rivales de nuestra misma altura.</p><p>Los éxitos futbolísticos serían consuelo de tontos si quisiéramos tomarlos como compensación por los fracasos y frustraciones en el desarrollo político, económico y social; pero son un importante factor de cohesión y autoestima colectiva que puede ayudarnos a adoptar actitudes positivas para enfrentar otros desafíos.</p><p>El fútbol es importante, además, porque es sintomático y alegórico de todo lo que está mal en nuestra sociedad. El fútbol es como una vitrina a la vista de todos, sin distinción de ideologías, religiones o clases sociales. Es una vitrina que exhibe muy didácticamente las consecuencias de la improvisación y el voluntarismo, el mal hábito de serrucharnos el piso unos a otros, los celos y las envidias, la poca capacidad de analizar y enfrentar los problemas con realismo y atendiendo todas sus dimensiones.</p><p>Nuestro país sigue estancado en muchos aspectos y en otros camina como cangrejo, de lado y hacia atrás. A pesar de una débil pero importante infusión de sangre fresca, nuestra clase política sigue siendo incapaz de ver más allá de su propio ombligo, insensible frente a las necesidades y aspiraciones de la gente, impávida e impermeable bajo la tormenta de reclamos ciudadanos.</p><p>Y ahora, para alivio de males, hasta la ilusión de la Selecta parece esfumarse.</p><p></p>

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