Para aprovechar bien el plan Biden

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Sigfrido Munés - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Tenemos problemas endémicos en El Salvador y podremos enfrentar con éxito algunos de los más graves si aprovechamos con integridad e inteligencia la ayuda que nos ofrece la nación que es el hogar de millones de compatriotas y donde se originan las remesas que sostienen nuestra economía.

Todos los años al inicio del invierno hay inundaciones, derrumbes y muertes en nuestro país, y la solución es siempre pospuesta, por la indiferencia de quienes podrían hacer algo para evitarlo o por falta de planificación y recursos.

El Salvador es tierra de riesgos para los pobladores de casas de lámina y cartón a la orilla de quebradas y barrancos que en la estación seca parecen inofensivos y estimulan a la gente más pobre del país para construir allí sus frágiles viviendas.

Ahora que se anuncia un plan de cuatro mil millones de dólares del presidente Biden, de Estados Unidos, para crear mayor seguridad, empleos y bienestar en El Salvador y países vecinos, con vistas a frenar la emigración hacia el Norte, es el momento de sugerir metas ambiciosas en nuestro país, como sería la de construir 100 mil o más viviendas mínimas y embovedar riachuelos y quebradas que representan peligrosas promesas para las personas carentes de casi todo.

Si se estableciera la meta de "un techo seguro para cada familia", la industria de la construcción generaría miles de empleos directos e indirectos y le echaría el hombro a sus proveedores de materias primas e insumos y a los transportistas. Cadena económica útil para fomentar el arraigo de la gente a su tierra y en un hogar propio.

Siendo problema de supervivencia humana la falta de agua, que tiende a agravarse, vendría al caso un plan que involucre a las autoridades e incluya la construcción masiva de tanques de captación del agua-lluvia, acueductos y obras para desalinizar el agua del mar, previendo la temida sed universal anunciada a breve plazo. En algunos lugares del planeta ya ha comenzado la guerra por el agua y el precioso líquido podrá llegar a ser más caro que el oro. ¿Tendremos pronto una ley del agua?

El Salvador cuenta con profesionales de gran capacidad y honradez, a cuyas puertas toco con mis ideas para escuchar las suyas. Menciono a uno de ellos, el doctor William Pleitez, quien sumó experiencia manejando el programa Fomilenio II en El Salvador y es una autoridad cuya palabra se recibe con atención aquí y en Estados Unidos. Como él, tenemos en el país talentos de quienes convendría conocer opiniones sobre los temas que tocan de cerca al ser humano salvadoreño, cuando se abre una oportunidad única para su desarrollo y bienestar.

Cristo era incómodo para los que detentaban el poder en la Palestina de hace dos mil años, debido a que incluyó en su prédica que debemos compartir lo propio con los desposeídos. Hoy como ayer se debe aceptar el derecho de ellos a una vida mejor, digna y saludable, sin abandonar su patria.

Confiemos en que el plan multimillonario del presidente Biden para los tres países del norte de Centroamérica sea efectivo pronto, libre de corrupción y en beneficio de quienes en algún momento pensaron en migrar. Si se favorece a este sector tan golpeado por la pandemia y otros males, se beneficia a todos los demás al impulsar la actividad económica y dar aliento a más inversiones y emprendimientos.

Resumiendo: sin olvidar otras necesidades, conviene evaluar: a) la construcción masiva de vivienda mínima segura; b) la edificación de defensas físicas perdurables contra desastres naturales; y c) la creación de una infraestructura que aproveche las lluvias y el mar para garantizar agua pura y abundante a los habitantes de El Salvador.

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