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Para el ciudadano, el ejercicio del voto es un derecho, un deber y una oportunidad

El sistema nacional requiere entonces, para mantenerse fortalecido y saludable, que la ciudadanía esté dispuesta siempre a expresar su voluntad en las urnas, porque sólo de esa manera es posible asegurar la estabilidad y la vitalidad del proceso que vivimos.
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En la democracia, el sujeto depositario del poder es la ciudadanía, que lo ejerce principalmente por medio de los representantes que ella misma elige, de modo directo o indirecto. Por la misma naturaleza del régimen de vida política que funciona en el país, los ciudadanos están expresamente llamados a decidir quiénes serán sus representantes en las posiciones fundamentales del aparato estatal, conforme a lo que establece la normativa constitucional vigente. Según la Constitución, el primer derecho político del ciudadano es el ejercicio del sufragio, y dicho ejercicio es también su primer deber. Y de manera expresa la Carta Magna dispone que el voto será libre, directo, igualitario y secreto.

Puestos en este marco, queda fuera de toda duda que ejercer el voto conforme al calendario de eventos que la misma Constitución establece es la llave de la normalidad democrática, y así debe ser asumido por todos los ciudadanos, sin excepción de ninguna índole. El sistema nacional requiere entonces, para mantenerse fortalecido y saludable, que la ciudadanía esté dispuesta siempre a expresar su voluntad en las urnas, porque sólo de esa manera es posible asegurar la estabilidad y la vitalidad del proceso que vivimos.

En esta etapa de dicho proceso, los salvadoreños nos enfrentamos a desafíos de alta complejidad y a la vez se nos abren perspectivas de gran relieve histórico. Estamos presentes, como sociedad y como nación, en un mundo que presenta aperturas inimaginables pero también riesgos de alta intensidad. Por consiguiente, es un momento en que la participación resulta decisiva y en que el compromiso de responder a cabalidad a los retos evolutivos constituye una demanda de destino, con todas las consecuencias que eso acarrea. Entenderlo y practicarlo así es mover voluntades hacia una vida mejor.

La ciudadanía viene reclamando desde hace tiempos un cambio de rumbo en el país, y eso sólo puede definirse en la medida que los ciudadanos lo habiliten con su voto. Hay que participar, pues, electoralmente hablando, de manera consciente y responsable. Cualquier llamado a la abstención o a la anulación del voto, venga de donde viniere, es un atentado contra la democracia y su régimen de libertades, y no debe ser atendido por nadie. Por el contrario, lo que hoy se impone es aprovechar al máximo la oportunidad que genera el sufragio, en función de hacer que El Salvador avance hacia sus metas superiores.

El próximo domingo 4 de marzo ningún ciudadano debe quedarse al margen de su responsabilidad electoral. Y en la medida que el caudal ciudadano se manifieste de manera vigorosa y sensata se abrirán más opciones de modernización democratizadora. El voto no es sólo una papeleta que se introduce en una urna; es muchísimo más que eso: es, cuando se hace como debe ser, un aporte decisivo a la realización del país que queremos y que merecemos.

Alistémonos, pues, para ir a cumplir con este relevante acto cívico en la urna que nos corresponde, para así honrar nuestra condición ciudadana y contribuir decisivamente a que El Salvador siga moviéndose hacia el futuro.

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