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Para entender la elección II. La ruptura de la gobernanza legislativa

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Rubén I. Zamora, Exembajador en Estados Unidos y ONU

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En mi artículo anterior sobre el carácter de la presente elección señalaba que hay tres elementos que le dan un carácter diferente a la pugna electoral, el primero de ellos es el quiebre del arreglo de la gobernabilidad del sistema político.

En 1963 el sistema electoral fue sustancialmente modificado por la introducción de la representación proporcional para elegir a los diputados; previamente, el partido que ganaba la mayoría de votos en cada departamento se le adjudicaban todas las diputaciones y esto le permitía al partido de gobierno una cómoda mayoría en la Asamblea Legislativa y por consiguiente, al Ejecutivo pasar fácilmente toda su legislación.

La representación proporcional reconfiguró la composición de la Asamblea: volvió muy difícil que un partido obtuviera la mayoría de las curules tanto para las votaciones simples como las de 2 tercios, dio origen a la necesidad de alianzas parlamentarias, por lo general entre el partido mayoritario y uno o más partidos con un número menor de curules, definió con mayor claridad a la oposición la oposición en torno al partido con el número segundo de asientos; el nuevo arreglo por un lado dio mayor seguridad para la aprobación de leyes y las decisiones de dos tercios de votos y le garantizó al Ejecutivo la aprobación de la legislación, pero al mismo tiempo fue un instrumento de mayor polarización en ese Órgano, es por ello que la ruptura de este tipo de gobernanza legislativa tiene enormes consecuencias negativas para la presidencia de la República.

Hay dos formas básicas para establecer la alianza, la primera es un acuerdo programático que establece los contenidos y límites de la legislatura durante su período, la segunda es de carácter patrimonialista y se basa en que el Ejecutivo y su fracción mayoritaria "compran" los votos de los partidos menores con base en una "renta" formada por participación en cargos públicos, prebendas o simplemente dinero.

En nuestro país, la práctica legislativa dominante desde sus inicios en la década de los sesenta ha estado regida por la segunda forma de gobernabilidad y ha perdurado hasta nuestros días, lo que ha significado que el patrimonialismo político sea característica estructural del sistema legislativo salvadoreño.

Este arreglo se inició con la Asamblea Legislativa de 1966 y ha perdurado hasta nuestros días; sin embargo, a partir de la última elección legislativa el panorama legislativo cambió drásticamente: por un lado, el partido de gobierno perdió la mayoría (23) y ARENA obtuvo el mayor número de diputados (37) y por el otro, la elección arrojó un número de curules casi igual para el tercero y cuarto partido (9 y 10), generando conflictos por el puesto patrimonial; es decir el esquema de los sesenta se vuelve obsoleto frente a la composición de la última Asamblea: ningún partido puede hacer mayoría con un solo aliado para lograr la aprobación de las decisiones de dos tercios y lograrlo implica necesariamente incorporar al acuerdo a la fracción que ha sido excluida del arreglo patrimonial. Esta situación tiende a incrementar aún más la polarización legislativa, es causa de frecuentes retrasos, algunos escandalosos como el de la elección de los magistrados y es una causal adicional para no permitir el abordaje de problemas graves por parte de la Asamblea.

La perspectiva para la gobernabilidad de los próximos dos años y medio es muy incierta, especialmente porque el resultado de la elección presidencial será un factor determinante; hasta ahora, las encuestas apuntan como ganadores a los candidatos de ARENA o GANA, y el escenario legislativo no importa quien gane será muy problemático, para el nuevo Ejecutivo, pues, por un lado, si es un presidente arenero solo contará con 49 votos y si la Alianza ARENA-PCN-PDC se mantiene, significa el continuismo de la polarización y de los retrasos y dificultades en los votos calificados; pero si es el presidente de la coalición GANA-CD solo podrá disponer de 11 votos, si esta se mantiene, pero si GANA o CD deciden su propio camino tendremos una presidencia sin ningún apoyo legislativo. En ambos casos, el Ejecutivo y el país ¿tendrán que esperar dos años para una Asamblea menos fraccionada? Creo que las crisis que el país vive no pueden esperar tanto.

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  • representación proporcional
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