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Para hacer crecer la economía hay que desplegar la creatividad y fortificar la confianza

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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Eso no se logra ni por decreto oficial, ni por trámite político, ni por disposición anhelante: hay que conjugar condiciones de tal manera que los impulsos conductores vayan surgiendo naturalmente del seno de dichas condiciones.

Pasada la guerra y avanzada la posguerra, tenemos a la mano todas las evidencias de que dejar pasar el tiempo sin responder a sus exigencias sucesivas es la vía perfecta para arribar al empantanamiento progresivo. Y en el ámbito económico esto se presenta de una manera cada vez más deteriorante e imposibilitadora, como se hace patente en el día a día de la atribulada realidad en que nos movemos. Nuestra economía padece postraciones recurrentes, que ya se volvieron inconsistencias crónicas, y quizás eso mismo hace que haya tantas resistencias a enfrentar el desafío en la dimensión y con la urgencia que son insoslayables. Y cuando la economía no responde a lo que el progreso le demanda, se van multiplicando los quebrantos en todo el organismo nacional, comenzando con la insostenibilidad financiera en el área pública, que ya se nos volvió un espectro que no se cansa de rondarnos.

Hacer crecer la economía en condiciones como las que imperan se vuelve, entonces, tarea de romanos, como antes se decía. Y la tarea se complica aún más si se toma en cuenta que no sólo se trata de crecer, sino de hacerlo de manera sistemática y suficiente, con la estabilidad que se requiere para que el progreso sea una corriente continua y en ascenso. Eso no se logra ni por decreto oficial, ni por trámite político, ni por disposición anhelante: hay que conjugar condiciones de tal manera que los impulsos conductores vayan surgiendo naturalmente del seno de dichas condiciones. En tal sentido, es preciso hacer que las voluntades empalmen con las condiciones, porque sólo así es factible activar los mecanismos productores de resultados. Todo con el aporte básico de la creatividad y de la confianza.

La creatividad que se está necesitando no es un ejercicio de imaginación etérea sino un dinamismo emergente capaz de servir para la remodelación de la funcionalidad. En ese orden, hay que integrar las ideas con el método, de tal modo que se pueda dar un giro reactivador que sirva en el presente y apunte hacia el futuro. Y para que eso se sostenga es indispensable el apoyo de la confianza. Una confianza que, desde luego, no puede resultar de la ingenuidad acrítica sino que tiene que provenir de la concienciación organizada que se plasme en hechos. Al hacer que ambos elementos converjan de modo interactivo se estará posibilitando que el crecimiento económico adquiera el ritmo y la magnitud que se buscan.

Si hay crecimiento habrá oportunidades que mejoren en concreto las condiciones de vida, lo cual no sólo tenderá a estabilizar y pacificar el ambiente, sino que estimulará la permanencia de los connacionales en su lugar de origen. Nuestros socios internacionales, y principalmente Estados Unidos, tienen que colaborar en el logro y en la afirmación de tales propósitos, ya que el hecho de que todo esto se dé nos conviene a todos los que tenemos interés en normalizar la situación. El desafío es a la vez nacional y regional, con claras implicaciones de presente y de futuro. Esperamos que los mensajes de la realidad sean debidamente asumidos.

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