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Para hacer evolucionar hacia lo positivo la situación nacional debe darse una conjunción virtuosa en todos los aspectos

El Salvador necesita desarrollarse en serio y a fondo, y para ello hay que impulsar proyectos y programas que tengan capacidad no sólo de ser viables sino también de ser sustentables.

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Nos movemos dentro de un fenómeno de múltiples complicaciones en lo nacional, en lo regional y en lo global, y lo más auspicioso que podemos hacer es reconocer dicho fenómeno en todas sus manifestaciones, para poder manejar sus incontables desafíos en la forma más acorde con las condiciones actuales del país y de todos sus entornos, que llegan hasta los últimos limites planetarios. La marginación en la que tradicionalmente estuvimos recluidos producía una especie de comodidad perversa, que ha desaparecido por completo: hoy somos gestores de destino nacional, y asumir tal condición en todo lo que significa y representa es lo que nos toca hacer para convertirnos de veras en gestores de destino.

Desde la perspectiva enunciada, lo que habría que potenciarse es un nuevo modo de tratar las cuestiones nacionales. En esto parecen coincidir las diversas fuerzas nacionales, con los matices del caso y con las rispideces que no faltan; pero aquí ya no se trata de hacer declaraciones que vayan en la línea de lo deseable, sino de entrar en acción conforme a lo que tenga que hacerse, para que se vayan poniendo en su lugar las piezas de una coordinación realmente comprobable. Y a quien lógicamente le corresponde tomar las iniciativas conducentes es al liderazgo presidencial en funciones, ya que esa es una de sus tareas propias.

El Salvador es hoy un referente insoslayable en el campo de las soluciones trascendentales a problemas de conflictividad extrema, como fue la guerra interna que duró más de una década en el terreno; pero falta que nuestro país se vuelva ejemplar también en el manejo certeramente habilidoso de las diferencias que son normales y usuales dentro del juego democrático. En este último campo, aunque dicho manejo no ha sido el deseable y el esperado para beneficio del proceso y del sistema, tampoco sus deficiencias han llegado a desajustar y mucho menos a fracturar el esquema democrático imperante, lo cual hace confiar en que los salvadoreños, si nos lo proponemos específicamente en el plano institucional, podemos superar las fallas de voluntad que continúan persistiendo.

Es cierto que se está produciendo un borbollón de opiniones y de decisiones por las redes sociales, que cada día están más activas en todas partes; pero lo que verdaderamente habría que potenciar es el despliegue de las estrategias conducentes al desarrollo en todas sus expresiones. El Salvador necesita desarrollarse en serio y a fondo, y para ello hay que impulsar proyectos y programas que tengan capacidad no sólo de ser viables sino también de ser sustentables. Esto es crucial para enfrentar desafíos, para desatar energías y para movilizar objetivos. No hay que centrarse en lo circunstancial, sino dedicarse a lo estructural.

De lo que pase en los próximos meses dependerá, en gran medida, lo que podamos esperar de lo que venga. Un término absolutamente inescapable es planificación. Apostémosle, pues, a planificar, para no dejar nada a la buena de Dios.

Ojalá que el país entero, por encima de cualquier diferencia, por irreconciliable que pueda parecer, demuestre su vocación constructiva. Al fin de cuentas, todos estamos en el mismo barco, y las contingencias del desplazamiento nos afectan a todos.

Tags:

  • marginación
  • liderazgo
  • redes sociales
  • planificación

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