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Para las madres

Abultaste mi vientre en nueve esperas, mi alma moviste convirtiéndola en soñadora, como botón de una tierna rosa incontables ensueños envolvieron, y en el seno de la natural cuna, el milagro fue hecho. Súbitamente asomaste, a mi oído palpitó tu corazón, cuando el primer llanto escuchó, haciéndose uno con el mío. Dulzura del cielo cayó, de tan adorable creatura. ¡Un Ángel iluminó!
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Cuando al fin debutaste, en todo asombro fuiste encajes tejidos de seda tal aves volaron, sonrisas por doquier están. Como diminutas luciérnagas, tus sueños de infancia se esfumaron, a la edad de bailes y suspiros llegaste, al caminar estelas de inspiración dejaste. ¡Edad indómita! Así con su majestuosa belleza, así diáfana y encantadora, Venus celoso está.

Los campos florecieron, los adioses con lágrimas se sellaron los amigos juveniles a la universidad se dirigieron. ¡Juventud!, manantiales que corrieron, como danzantes de las floridas campiñas los amores relucieron tan ligeros, tan bonitos, como destellos. ¡Preciosa Juventud!, tan efímeros. Y en un cerrar de ojos, te vimos partir, a edad adulta llegaste hecha una mujer estás, con valentía tu ambición no detuviste. Has luchado con el coraje en tu niñez formado. ¡Qué batalla!, como la hermosa Minerva tan sabia y tan prudente. Recordar cada historia, cada instante, en el transcurrir del tiempo, tan inmortal experiencia, recogerá de mis memorias el más profundo sentimiento. Amada hija: En el más grande regalo de Dios para la mujer al ser madre ¡celebramos cada día!

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