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Para lograr la progresiva erradicación del accionar criminal es determinante que haya cooperación regional eficiente

En un esfuerzo más amplio, se está concretando la creación de una fuerza trinacional policial y militar de los países del Triángulo Norte para encarar la emergencia que se vive en el área por los diferentes embates del crimen.
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Uno de los fenómenos expansivos más depredadores que se viven actualmente en nuestro país y en el entorno es el auge del crimen organizado en sus diversas expresiones y manifestaciones, que se multiplican y se sofistican en forma creciente. El narcotráfico, del que estamos en la ruta hacia el Norte, ha sido sin duda el principal detonante de dicha situación que día a día se sale más de control.

Ante tal desafío, que no es evadible para nadie, se hace imperioso, y cada vez con mayor apremio, entrar en fase de tratamiento efectivo de toda esa complicadísima problemática, conforme a la naturaleza y a la gravedad de la misma. Dicho apremio incide sobre prácticamente todo lo demás en nuestros compartidos ambientes subregionales, y muy en especial en los tres países que conformamos el llamado triángulo norte de Centroamérica: Guatemala, El Salvador y Honduras.

Al estar ubicados en la misma zona y tener fronteras comunes, los tres países mencionados estamos enfrentados a la misma lucha antidelincuencial; y por ende, las estrategias y los mecanismos también deben integrarse tomando en cuenta lo común y lo diferente. En esa línea hay ya iniciativas en marcha, como el acuerdo entre los Gobiernos de El Salvador y de Guatemala para activar un Grupo de Alto Nivel para la Seguridad, que se enfocará en mantener el debido control fronterizo, en frenar las actividades del crimen organizado y de las pandillas, y en luchar efectivamente contra las distintas formas de tráfico ilegal. Lo que se espera es que instrumentos institucionales como éste contribuyan de veras a asegurar el imperio de la ley, dándole a tal propósito la dimensión interregional que las circunstancias demandan. Para ello hay que compartir información de modo sistemático y aplicar planes conjuntos con igual criterio funcional.

En un esfuerzo más amplio, se está concretando la creación de una fuerza trinacional policial y militar de los países del Triángulo Norte para encarar la emergencia que se vive en el área por los diferentes embates del crimen. El enfoque requerido, como en todas las iniciativas de la misma índole y con los mismos objetivos, tiene que ser amplio y de largo alcance, porque este tipo de luchas, que se refieren a cuestiones estructurales de profundo y dilatado arraigo, nunca se pueden resolver con fórmulas de ocasión, por creativas y convincentes que parezcan. Aquí lo que debe imperar es la coherencia y la consistencia del tratamiento que se aplique, haciendo uso de las herramientas institucionales verdaderamente adecuadas.

No hay duda de que la realidad es siempre la mejor inductora de las buenas prácticas, porque va dejando en evidencia lo que es inoperante, aunque nunca deje de haber un surtido de resistencias que se interponen en el camino, ya que el imperio de la ilegalidad favorece a muchos, abierta o encubiertamente. En tal sentido, estas nuevas formas de colaboración integracionista podrían operar como una buena palanca para que nos integremos en otros campos, como es tan necesario desde siempre.

Por ahora, lo más urgente es hacer cuerpo para ir recuperando la seguridad que está en la base de todas las dinámicas del desarrollo. Seguir cayendo en más inseguridad sería apuntarle al desastre compartido.

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