Para que el Estado de Derecho se mantenga incólume, la ley tiene que hacerse valer en todo caso y circunstancia

Hay muchos ejemplos al respecto, y uno que nos toca directamente es la decisión judicial que acaba de dictarse para pasar a juicio a los implicados materiales en el caso delictivo de clonación de sitios web para perjudicar en forma malévola a medios de comunicación, en particular LA PRENSA GRÁFICA.
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Uno de los componentes vitales de la normalidad democrática, aquí y en cualquier parte, es la vigencia plena del Estado de Derecho, sin la cual todo queda a merced de las voluntades y de los intereses de personas, de grupos o de sectores, sin que pueda haber la seguridad que se requiere para que la sociedad y la institucionalidad funcionen en la forma debida. La ley es el marco de todas las conductas, tanto públicas como privadas; y en tal sentido, garantizar que la ley no sólo exista declarativamente en el papel sino que rija efectivamente en los hechos constituye el elemento fundamental para alcanzar una paz verdadera, una estabilidad consistente y un progreso desplegado en el tiempo.

Si bien es cierto que falta mucho para que en El Salvador se logren los niveles de responsabilidad y de cumplimiento que den confianza sólida sobre la manejabilidad del presente y sobre la viabilidad del futuro, es también un hecho comprobable que el imperio de la ley y la eficacia en su aplicación van ganando terreno cada vez con más fuerza comprobable. Hay muchos ejemplos al respecto, y uno que nos toca directamente es la decisión judicial que acaba de dictarse para pasar a juicio a los implicados materiales en el caso delictivo de clonación de sitios web para perjudicar en forma malévola a medios de comunicación, en particular LA PRENSA GRÁFICA. Aunque en dicho caso falta por llegar a los autores intelectuales, sobre los cuales hay indicios muy claros y evidencias irrebatibles, confiamos en que el accionar de la justicia pondrá a todos los presuntos culpables en el sitio que según la ley les corresponde, independientemente del cargo que desempeñen y del poder político que quieran ostentar.

Hay ahora mismo un número creciente de casos de corrupción gubernamental que también están en manos de la justicia. Lo más novedoso de esto es que algunos de los implicados son personas que desempeñaron cargos públicos del más alto nivel, como es el caso de dos ex Presidentes de la República y de un ex Presidente del Órgano Judicial. Tal situación es efecto, sin duda, de la dinámica democratizadora que ha seguido avanzando pese a todos los obstáculos que le salen al paso. Y esa misma dinámica ha hecho posible que en el área de la aplicación de la ley lleguen a posiciones claves personas con decisión de cumplir en serio con sus atribuciones, como ocurre en la actual Sala de lo Constitucional y en la Fiscalía General de la República. Como es previsible, los ataques de índole política contra todos esos funcionarios no se hacen esperar, pero también son notorios los esfuerzos que se activan desde distintos espacios ciudadanos para dar apoyo al Estado de Derecho y a aquellos que lo hacen valer.

Todos tenemos que asumir conciencia, en la magnitud y con la profundidad debidas, sobre lo que representa y significa el imperio de la ley para que haya paz, estabilidad y progreso. Dicho imperio es absolutamente indispensable en función de que la democracia permanezca sana y sea capaz de ir desplegando sus potencialidades naturales. La legalidad bien ejercida y bien vivida es el mejor vivero de seguridad que se puede tener, y hacia ahí tenemos que avanzar los salvadoreños con la decisión y con la valentía que nos son características.

La ciudadanía tiene que estar atenta y vigilante en todo momento sobre la suerte de la legalidad en el ambiente. Y así no permitir que nadie pase por encima de la ley en ninguna forma.

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