Lo más visto

Más de Opinión

Para que la campaña electoral sea lo que debe ser es preciso que no sólo haya promesas sino también planteamientos

Pero desde luego no basta con que se garantice la limpieza de los comicios, lo cual debe merecer un cuidado constante, sino que es preciso elevar el nivel de las contiendas para que el electorado tenga suficientes elementos de juicio para que su voto sea lo más fundamentado posible.
Enlace copiado
Enlace copiado
Todos los signos apuntan a que la doble campaña electoral en la que estamos cada día más inmersos representará un momento de definiciones que podrían ser novedosas en comparación con lo que electoralmente ha ocurrido a lo largo de los años de posguerra, que ya cubren más de un cuarto de siglo. En el transcurso de esta primera fase de la democratización reimpulsada por las aperturas que provocó la solución política de la guerra, los salvadoreños hemos acumulado y seguimos acumulando experiencias muy aleccionadoras tanto en lo referente a la convivencia como en lo tocante al progreso, pero donde han fallado las cosas es en la puesta en práctica de dichas experiencias como elementos movilizadores de sana evolución; y eso es así porque faltan las ideas y los proyectos que hagan lo suyo.

En el pasado anterior al inicio de la democratización las campañas electorales eran en realidad simulacros de competencia, porque los resultados estaban sellados de antemano; cuando se inició la etapa actual, allá al inicio de los años 80 del pasado siglo, eso cambió por completo, abriendo esta época en que no hay nada seguro de antemano en cuanto a resultados, porque todo depende de lo que expresen los votantes en las urnas. Pero desde luego no basta con que se garantice la limpieza de los comicios, lo cual debe merecer un cuidado constante, sino que es preciso elevar el nivel de las contiendas para que el electorado tenga suficientes elementos de juicio para que su voto sea lo más fundamentado posible.

En tal sentido es determinante que los partidos y los candidatos se pongan a la altura del avance que va mostrando el proceso, sobre todo en relación con el rol de la ciudadanía, y pasen de la superficialidad de los ofrecimientos calculados para captar simpatías a la sustancialidad de las propuestas fundamentadas en criterios y en análisis realistas. En la medida que va avanzando y madurando la participación ciudadana se les aumentan las demandas a los liderazgos y a aquellos que los encabezan, independientemente de las líneas ideológicas y de las posiciones políticas que representen; y quienes mejor lo entiendan y actúen en consecuencia serán los que mejores posibilidades tendrán de salir recompensados en las urnas.

Para todos los partidos en contienda lo que cada vez se vuelve una tarea electoral decisiva es lograr convencer a los llamados “indecisos”, que en verdad integran esa amplia franja ciudadana de los que, aun teniendo simpatías de base, colocan su decisión en la balanza de las opciones convincentes en cada evento electoral. Al ser así, hay para todos un buen margen sobre el que pueden incidir si enfocan con habilidad y proponen con inteligencia. En las dos oportunidades que están a la vista –comicios de 2018 y de 2019– todo esto se hace aún más notorio, porque las circunstancias políticas y estructurales así lo orientan.

Lo aconsejable hoy para los actores en competencia es que dejen de desgastarse en la dinámica de choques que prevalece y pasen a una postura de autoanálisis y también de autocrítica, para que el poco tiempo disponible sea utilizado en forma productiva.

El aparecimiento de las figuras que competirán ya se va manifestando en el escenario, y desde el primer instante todos tendrían que llegar con ánimo constructivo y propositivo, a fin de que la disputa no sea una refriega vacía sino un contraste sustancioso.
 

Tags:

  • campaña
  • partidos
  • promesas
  • democracia

Lee también

Comentarios