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Para que la democracia funcione a fondo es fundamental que se establezcan las bases de un acuerdo nacional en forma

El impulso de esta iniciativa le corresponde, en primer término, al Gobierno que está en funciones, porque estamos hablando de un factor determinante para que haya una conducción realmente eficaz.

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Entre sus primeras decisiones al frente de la conducción presidencial, el nuevo mandatario en funciones ha hecho replanteamientos en el esquema orgánico del Ejecutivo, cerrando algunas Secretarías y abriendo otras. Estos movimientos se dirigen sin duda a dar señales de que se le va a apostar a una burocracia más funcional y más congruente con las necesidades actuales de un buen funcionamiento institucional. Uno de los vicios más lastrantes y más costosos de lo que se hacía en la Administraciones anteriores, y muy especialmente en la última, es la sobrecarga de puestos innecesarios para alimentar el clientelismo político en todas sus expresiones. Eso tiene que terminar de manera definitiva, y sobre todo hay que poner en marcha muy en serio y con las debidas garantías una nueva estructura de gestión, que no sea destinada a fomentar ventajas partidarias o personales sino que se dedique a cumplir funciones según lo que establece la ley y lo que demandan las necesidades nacionales.

Aquí hay que volver a subrayar, y esta vez con lápiz fosforescente para que nadie pueda alegar desconocimiento de la señal enfática, la trascendencia que tiene el hecho de que los planes de mejoramiento de las condiciones estructurales y de las condiciones de vida se hagan realidad en forma inequívoca, para salir de todas las ineficiencias y todas las insuficiencias que nos agobian. Y eso sólo podrá lograrse si hay un acuerdo nacional que lo haga factible.

Aquí ya no se trata de manifestar intenciones de buscar acercamientos en cuestiones específicas, ni de propiciar entendimientos legislativos para tomar las decisiones que exigen diversos tipos de mayorías; todo eso va a ser necesario para que la maquinaria estatal pueda trabajar normalmente, pero lo que estamos señalando es algo superior: la conjunción de voluntades en la búsqueda de ese acuerdo nacional que le dé vida a un Plan de Nación, con todas las características que define un logro de tal naturaleza.

El impulso de esta iniciativa le corresponde, en primer término, al Gobierno que está en funciones, porque estamos hablando de un factor determinante para que haya una conducción realmente eficaz. El país no puede seguir dando palos de ciego, sea cual fuere la forma en que estos se disfrazan. El objetivo tiene que ser la puesta en marcha de un esquema de relaciones y de compromisos que apunte hacia lo concreto, en el más amplio sentido del término. El país ya no soporta más vaguedades ni más improvisaciones: hay que entrar de inmediato en el plano de la madurez institucional y de la coherencia social, para que los problemas puedan empezar a ver los horizontes de sus soluciones.

Eso es lo que la democracia nos está demandando por su propia cuenta a todos los salvadoreños, poniendo en primera línea, por supuesto, a los liderazgos políticos y de cualquier otra índole. Sin hoja de ruta la democracia encalla a cada paso, y eso es lo que hemos venido percibiendo y padeciendo sobre todo en el pasado más reciente. Hay que entrar en esa lógica, poniendo la creatividad y el realismo como conductores del impulso.

Ya que el actual Gobierno ha entrado enarbolando energía juvenil y propósitos de servicio al bien común, esta debe ser su mejor muestra de ello: emprender ahora mismo la tarea de construir ese Plan de Nación producto de la suma de todos los empeños nacionales.

Tags:

  • Secretarías
  • clientelismo
  • acuerdo nacional
  • voluntades
  • democracia

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