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Para que la generación que emerge se comprometa de veras con su rol histórico las condiciones generales tienen que posibilitarlo

Es cuestión de ofrecer opciones convincentes de autorrealización en el presente para que las nuevas generaciones se sientan animadas a buscar futuro en su propia tierra.
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En notoria y reveladora coincidencia con lo que ahora mismo está manifestándose en prácticamente todas las latitudes del mapa global, una de las novedades más significativas en nuestro ambiente nacional es la que se refiere a la irrupción de la juventud en los diversos ámbitos de la vida colectiva. A esto contribuyen importantes factores que ahora mismo inciden decisivamente en el vivir cotidiano, como son el extraordinario despliegue de las tecnologías de la comunicación y los efectos expansivos de la globalización en marcha. En realidad, lo que se está imponiendo con avasalladora presencia es una serie de aperturas en todos los órdenes, lo cual empalma muy armoniosamente con lo que es la actitud natural de los jóvenes en cualquier tiempo y lugar.

Una sociedad como la nuestra, pese a que ha venido estando limitada y coaccionada tradicionalmente por innumerables resistencias al cambio positivo, tampoco puede escapar a las influencias renovadoras de los tiempos, y esto debería reconocerse como un estímulo para superar barreras y desactivar candados. La generación de salvadoreños que actualmente comienzan a hacerse sentir en las más diversas actividades tanto públicas como privadas tiene, como ninguna generación anterior, la posibilidad de ser una verdadera vanguardia del progreso nacional puesto al día. Pero dicha posibilidad no puede activarse de manera mecánica: tienen que estar dadas las condiciones para que ello ocurra, y esa es responsabilidad de todos, en especial de los liderazgos que se hallan al frente de la conducción principal en los diversos campos de la vida colectiva.

Crear dichas condiciones exige, como primera medida, hacer posible que los niños y los jóvenes se puedan desenvolver en el diario vivir de manera segura y estimulante; es por ello que si algo hay que atacar a fondo es la inseguridad ciudadana que se ha posesionado del ambiente. En el caso específico de las pandillas, estas no sólo desarticulan la normalidad en general sino que utilizan a niños y jóvenes como instrumentos de criminalidad, anulándoles el presente y negándoles el futuro.

Pero también es imprescindible impulsar la apertura efectiva de oportunidades tanto en el área educativa como en los ámbitos productivos. Es cuestión de ofrecer opciones convincentes de autorrealización en el presente para que las nuevas generaciones se sientan animadas a buscar futuro en su propia tierra. Y eso requiere, en primer término, que la seguridad esté presente en la medida y con la solidez que la hagan de nuevo un componente normal de la vida y que se despliegue la inversión para que los empleos atractivos y sostenibles se multipliquen. En tanto todas estas condiciones no se den, la emigración será un imán irresistible y los tenebrosos cantos de sirena de la criminalidad organizada continuarán llevando a niños y jóvenes a los espacios de la autodestrucción.

Si tal situación no se revierte cuanto antes la sociedad entera entrará en crisis sin retorno. Eso es lo que hay que evitar a toda costa, mientras haya posibilidades de hacerlo. Y salvaguardar la suerte de los más jóvenes constituye la pieza clave del nuevo tratamiento integral que hay que echar a andar ahora mismo.

Tags:

  • futuro
  • autorrealizacion
  • tecnologia
  • comunicacion
  • autodestrucción

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