Lo más visto

Para que un ajuste fiscal cumpla de veras su cometido se debe sustentar en una política de austeridad con carácter permanente

En el plano fiscal, el tiempo se está acabando, y eso es consecuencia de no haber asumido a tiempo las políticas ordenadoras que la realidad viene exigiendo desde hace mucho.
Enlace copiado
Enlace copiado
Las finanzas públicas han llegado a un punto en que ya no sirven de nada los ingeniosos paliativos circunstanciales, que son los que más se han practicado a lo largo de la posguerra, y sobre todo en los períodos presidenciales más recientes. Todos los apremios de la realidad económica y financiera del país empujan hacia un verdadero cambio en el tratamiento de estos temas tan vitales para la buena marcha del proceso nacional en todos los órdenes. Cuestiones de alta sensibilidad como el ingreso y el gasto públicos, la situación del empleo, las oportunidades para que los jóvenes se integren en el campo productivo, el crecimiento necesario para asegurar progreso sostenible y la paz social que está hoy tan desestabilizada se hallan sobre el tapete en el día a día de la sociedad y de la institucionalidad, y, por consiguiente, ya no admiten dilaciones en lo que se refiere al tratamiento a fondo de todas ellas.

Se habla de un pacto fiscal impostergable, que tendría que derivar del acuerdo entre fuerzas políticas, y en particular las dos más significativas, que son ARENA y el FMLN. Desde luego, dicho pacto ya no tiene escapatoria, y en la medida que se retrase habrá más problemas acumulándose, con riesgo de llegar a la insostenibilidad del sistema en general; pero llegar a él requiere que las partes involucradas entren en serio en fase negociadora, pues sólo de una auténtica negociación se podrán obtener efectos sustentados. Aquí no se trata de “acompañar al Gobierno” en un pacto fiscal, sino de que tanto el Gobierno como la oposición estén dispuestos a poner todo lo que sea necesario para producir un resultado que apunte hacia el bien común en todos los sentidos.

En verdad, de lo que se trata es de lograr que todas las energías del país puedan alinearse hacia el progreso nacional, lo cual requiere diagnósticos plenos y sinceros sobre la problemática en todos sus aspectos, estrategias de acción debidamente consensuadas y activación en el terreno que efectivamente sea capaz de modificar condiciones de funcionamiento y de vida. Para el caso, si se mantiene la actual proporción entre el empleo formal y el empleo informal, con más del 70% en relación con este último, muy poco se puede esperar sobre el desempeño económico futuro.

La sociedad salvadoreña se encuentra sobrecargada de ineficiencia funcional y de amenazas de colapso. En el plano fiscal, el tiempo se está acabando, y eso es consecuencia de no haber asumido a tiempo las políticas ordenadoras que la realidad viene exigiendo desde hace mucho. Estamos llegando al límite, y las fuerzas políticas se hallan en el deber de tomar las medidas que frenen la crisis y despejen la ruta que sigue. Y esto tienen que hacerlo sobreponiendo el interés nacional a sus propios intereses, sin dejar estos de lado. Es cuestión de prioridades en un momento tan decisivo.

Tres puntos son claves para que El Salvador pueda entrar efectivamente en la ruta de la estabilidad con desarrollo: que haya un proyecto real de productividad competitiva, que se dé un confiable y verificable compromiso de austeridad en todos los ámbitos públicos y que se pase progresivamente de la confrontación estéril al entendimiento básico razonable. Son tareas intercomunicadas e interactuantes, que deberían encarnar en una nueva cultura de la salvadoreñidad democrática. Si alguno de estos vitales factores está ausente, no habrá cómo salir adelante.

Tags:

  • finanzas
  • empleo
  • ingresos
  • fmln
  • arena
  • pacto fiscal

Lee también

Comentarios