¿Para quién gobierna el presidente?

El viernes 20 de enero tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos de América Donald Trump, habiendo dirigido su discurso a todo su país, pero a presencia de unos cuantos; esa vista me hizo recordar que los presidentes son elegidos por el pueblo y para el pueblo, gozando del voto de la mayoría; no obstante ese juego democrático, el triunfo del 45.º presidente del país del norte se dio con el voto de la mayoría del Colegio Electoral y no con la mayoría de los votantes, demostrándonos que el país de la democracia de primer mundo tiene una elección discriminativa, ya que no manda el deseo de la mayoría del pueblo, sino el deseo de la mayoría del poder económico.
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El anterior ejemplo nos debe hacer sentir privilegiados como país democrático, ya que errados o no, nuestros presidentes elegidos desde 1984 están registrados como elegidos por la mayoría, aunque el primero de esa era goza de la duda del momento, pero que hasta hoy sigue siendo el primer presidente, elegido por el voto popular.

Los quinquenios que han pasado en esta vida demócrata se han sentido fugaces, uno por ser la aplanadora verde, el siguiente por ser el de la paz, el próximo por comenzar el combate a la criminalidad, luego el del que se peleó con Fidel Castro, el siguiente que fue el mediático, y el último el que se peleó con todos; pero el actual, a duras penas va por la mitad de su período y propios y extraños nos sentimos que han pasado 7 años y medio desde que comenzó. Este último gobernante ha tenido enfrentamientos sociales, casi desde su inicio, teniendo en su compañero de fórmula a un dirigente que tiene mucho más protagonismo que el propio presidente, pero al fin y al cabo, están desarrollando un plan de gobierno que mantiene a muchos totalmente intranquilos y a otros desconcertados, porque no siempre hacen lo que se supone que se debe ejecutar en favor del pueblo, pero de lo que debemos estar seguros es que bajo la lupa mundial fue el presidente que todos elegimos.

Cuando un presidente es proclamado como tal, el perdedor debe ser ético y exaltar el gane del adversario, porque es el derrotado quien debe dar el ejemplo a sus correligionarios, para que el juego democrático continúe, demostrando que el presidente fue electo para gobernarnos a todos y que el único responsable de un fiasco político es aquel que no se levantó a ejercer el voto, y que esa falta de voluntad le costará a su pueblo la decisión de una supuesta mayoría.

Somos un país sin cultura política, a duras penas con leve educación, somos necesitados de la paz; hoy estamos viviendo el aprovechamiento más grave que se puede tener sobre un pueblo y es la ventaja que saca el educado, sobre los que necesitados confiaron en ellos; antes gobernaron 14 familias, dentro de las cuales no estaba la nuestra, hoy manda el consorcio de los comandantes que visten de lino y seda, atropellando a millares de los propios, inclusive; han promovido una lucha de clases, como la que ellos mismos combatieron, pero hoy la sostienen porque les conviene a ellos.

Yo no soy ni he sido combatiente, soy salvadoreño de clase modesta y a la democracia le agradezco, que me atreva a escribir esto, sin esperar mi desaparecimiento. Este es mi país, no un río revuelto, señores.

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