Lo más visto

Más de Opinión

Para responderle a la ciudadanía hay que desechar los simplismos y asumir las tareas como son

El propósito básico tiene que ser, en primer término, la puesta en práctica de un enfoque de carácter nacional en todos los ámbitos de la referida problemática; y por eso viene al caso recalcar lo conveniente que sería contar con un plan nacional en el que todos los problemas estén debidamente considerados.
Enlace copiado
Enlace copiado

El manejo de la política y de sus gestiones derivadas ha padecido en nuestro país, en forma desafortunadamente crónica, de un simplismo atentatorio contra la forma consecuente y eficaz de responder a los desafíos de la realidad. Y dicha actitud no ha sido gratuita ni espontánea, sino que responde a motivos de interés bien identificables, especialmente centrados en los propósitos de conservación o de conquista del poder. Esto está conectado con la persistencia de conceptos ideológicos que ya de ninguna manera pueden responder a los dinamismos políticos y sociales de los tiempos que corren. Especialmente en el campo de la izquierda, el aferramiento a la fidelidad ideológica original, que ya desapareció como opción realizable en todas partes, es una retranca paralizante.

En el momento que está viviendo la dinámica política nacional, se hace aún más notorio que las formas de acción tradicionales ya no pueden responder a lo que la realidad demanda. La política ha dejado de ser un juego de imágenes que se administra al gusto de los actores participantes y se convierte cada día más en un reto de eficiencia para todos. En tal sentido, tanto las fuerzas políticas como sus liderazgos y sus representantes en los distintos ámbitos de la gestión pública se hallan compelidos a hacer su trabajo no según sus ocurrencias o veleidades sino conforme a lo que las obligaciones asumidas significan.

De seguro, lo primero que tendrían que reconocer dichos actores participantes es que la participación que han asumido por voluntad propia no los deja libres para hacer lo que les venga en gana sino que los compromete a honrar las responsabilidades correspondientes. En esa línea, todos tendrían que poner lo fundamental a la cabeza de sus respectivos esquemas de trabajo; y lo fundamental es, hoy más que nunca, enfrentar la problemática que está sobre la mesa en forma integral y consensuada.

El propósito básico tiene que ser, en primer término, la puesta en práctica de un enfoque de carácter nacional en todos los ámbitos de la referida problemática; y por eso viene al caso recalcar lo conveniente que sería contar con un plan nacional en el que todos los problemas estén debidamente considerados. Como insistimos cuantas veces se hace oportuno, si algo nos impide avanzar en forma sostenida y coherente es esa tozuda tendencia a ver los problemas como entidades desconectadas entre sí, lo cual imposibilita los tratamientos certeros y desactiva las soluciones verdaderamente factibles.

No es casual, pues, que lo que ocurre en el país parezca una maraña sin fin, con todas las sensaciones desalentadoras que eso trae consigo. Y luego de que tal desfase se ha estado repitiendo sin cesar, haciendo mella en todos los dinamismos nacionales, resulta absolutamente incomprensible la sordera de los que deben oír y la ceguera de los que deben ver. De seguro si las actitudes, los compromisos y las acciones se pusieran en orden otro gallo nos estaría cantando.

Hay que motivar a todos los actores a que se pongan a tono con la realidad, para su beneficio y sobre todo para beneficio del país.

Lee también

Comentarios