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Para ser realmente competitivos como país tenemos que definir con total claridad nuestras apuestas productivas

En la más reciente medición realizada por el Foro Económico Mundial (FEM), correspondiente a 2016-2017, El Salvador bajó 10 puestos para ubicarse en la deplorable posición 105.
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Para ser realmente competitivos como país tenemos que definir con total claridad nuestras apuestas productivas

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No es casual que en dicho Índice Chile y Panamá ocupen las mejores posiciones de América Latina y el Caribe; y tampoco es casual que Venezuela vaya a la cola, en la posición 130 de las 138 que contiene tal medición. En verdad, lo que se dibuja en este mapa valorativo son los aciertos y los errores de los países en su desempeño económico activo, y los resultados que se tienen a la vista son perfectamente previsibles cuando se recorren los respectivos comportamientos nacionales; pero en todo caso es muy ilustrativo y aleccionador tener a la mano los datos resultantes.

El Salvador está hoy, como decíamos, en la posición 105, y eso lo que en primer término debería producir es una reflexión sincera y profunda sobre lo que está pasando con nuestras acciones y omisiones dentro de un panorama que evoluciona y cambia constantemente, conforme al flujo de las realidades nacionales, regionales y globales. El escenario en que hoy nos movemos es muy diferente a aquel en que tradicionalmente estábamos acostumbrados a movernos, y por consiguiente habría que hacer de entrada un giro en lo que corresponde a asumir nuestro propio papel, que ya de ninguna manera podría responder a la rutina ni quedar encerrado en esquemas obsoletos. Hay que reciclar actitudes y visiones para darle curso a la actualidad tan demandante que impera en estos días.

La competitividad se ha venido volviendo un ejercicio de habilidades creativas que no tiene precedentes como tal. En nuestro caso nacional, por ejemplo, durante una larguísima época fuimos país cafetalero en primera línea, y el café era nuestro producto de exportación por excelencia, sin que hubiera necesidad perentoria de contar con otras vías para salir comercialmente al mundo. Y en su momento lo hicimos bien porque llegamos a estar entre los principales productores mundiales de dicho grano generoso. Pero Los tiempos evolucionaron, y tal evolución pareció pasarnos inadvertida, con las consecuencias que tales descuidos estructurales y funcionales acarrean; y tal efecto se agravó por el hecho de que los cambios se aceleraban mientras nosotros, los salvadoreños, seguíamos en una especie de letargo creciente. Ni siquiera fuimos capaces de conservar lo que ya teníamos, porque de los primeros lugares en la producción cafetalera hemos pasado a ser un productor marginal, sin que en el ambiente se hayan aprovechado ni se esté en vías de hacerlo las grandes oportunidades que ofrece la dinámica globalizadora en todos los rubros, incluyendo éste.

Al no haber sido capaces como país de asumir la lógica productiva y competitiva de los tiempos que corren, las condiciones del desarrollo nacional se hallan en una especie de impase permanente. Habría, pues, que replantearse los enfoques estratégicos correspondientes a fin de que la productividad despegue en estrecho vínculo con la competitividad puesta al día. Desde cualquier punto de vista resulta incuestionable que la única forma segura de apostarle a la competitividad es teniendo como base los esquemas productivos adecuados a nuestra realidad y a la realidad de todos los entornos, tanto regionales como globales. Si no nos vemos desde el mundo no podremos vernos hacia el mundo; y esta no es una mera frase, sino un imperativo de estricta realidad. Así de claro.

La globalidad viene rompiendo las barreras de la marginalidad. Si seguimos pensando y actuando como un país marginal, la obsolescencia continuará marcando nuestro presente y nuestro futuro. Hay que dar un salto de calidad en nuestra propia esfera de vida, y eso sólo puede lograrse si los salvadoreños reconocemos que la principal responsabilidad de salir adelante está en nosotros mismos, como individuos y como colectividad. Tenemos que hacernos competitivos por convicción para pasar de inmediato a serlos por capacidad y por efectividad.

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