Paradoja

Como soy tan estúpido, explíquemelo otra vez, señor presidente. Profe, ¿es imprescindible que el ministro de Defensa se presente a la plenaria en la Asamblea Legislativa haciendo gala de la iconografía castrense? Me refiero, para que nos entendemos, a que llega uniformado como para el 15 de septiembre.
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La falta de sensibilidad y de tino de algunos de sus funcionarios es alarmante. ¿No entienden que nuestra democracia requiere de consideraciones siquiera cosméticas para la institucionalidad?

En primer lugar, su subalterno asiste al Parlamento justo el día en que se hablará de mantener algunas medidas excepcionales. No sólo no era día para hablar de fusiles ni del ritmo al que marchará la tropa, sino una jornada de estricta incumbencia civil. En otras palabras, no era asunto de Munguía Payés.

En segundo lugar, ¿y no es este el señor al que usted mismo purgó del gabinete de seguridad hace año y medio? Sentado al lado del ministro (¿o viceversa?), estaba su vicepresidente, que no hace ni 24 horas había dicho que lo de la tregua fue, palabras más palabras menos, una necedad. ¿Cómo es que conviven en la misma plataforma una de las parteras de la difunta tregua y uno de los principales enemigos de la misma?

Y en tercer lugar, ¿no deberían estar suficientemente ocupados militares y policías como para desfilar en los pasillos de la política? En este sentido, la PNC ha exhibido más disciplina y resistencia que ciertos mandos militares a la seducción barata de la partidocracia.

Disculpe el exabrupto; perdone mi debilidad por las formas. No, no lo confunda con cursilerías de gente refinada, ni nos faltemos al respeto hablando de aburguesamientos porque usted y su comandancia pagan más por la manicura.

Vayamos al fondo de la cuestión. Señor, ¿estamos en guerra? ¿Reclutaremos más soldados? ¿Desempolvaremos las tanquetas? ¿Compraremos más armas? ¿Qué tan antiterrorista debe ser nuestro personal? ¿Es muy temprano para apostarle a un plan de tierra arrasada? ¿Les entramos con todo ya, mi comandante, o acabamos primero con sus voceros?

La sorna no era necesaria, se lo concedo. Pero no es gratuita. ¿Estamos disputando una guerra? Su gente parece estarlo, desde "Óscar", quien cada vez se oye más cómodo hablando de suspensión de garantías constitucionales, hasta el presidente de la Asamblea, a cuya retórica sólo le faltaban las alusiones bíblicas para volverse abiertamente fascista. Y Howard, y Benito, y los otros del coro.

No me confunda, profesor. Estoy convencido que se debe combatir al crimen, que la ciudadanía necesita un respiro, que el espacio público debe ser reconquistado, que hay municipios inviables si no se recupera el Estado de derecho. Para ello, se necesita de una lectura que vaya más allá de los malos y los buenos, hay que hablar de marginalidad y exclusión, y combatirla con todos los recursos y voluntades públicas y privadas posibles. Menos maniqueísmo y más socialismo, pues.

Socialismo... La revolución... Tiempos aquellos. Oiga, ¿se acuerda de Shafick?

Una vez le oí decir que una parte clave de la estrategia del FMLN revolucionario fue reconocer a los nuevos sujetos sociales, la mayoría de ellos producto de los fenómenos sociales propios del capitalismo, y entender que de ellos pueden originarse organizaciones antisistema. Hablaba de un enorme sector marginal urbano...

Fue el mismo Shafick que escribió que lo peor que le podía pasar a la izquierda era llegar al poder para acomodarse a él y administrar los vicios asociados al sistema. Quizá esta guerra le habría entusiasmado. O quizá habría sido demasiada paradoja para sus entrañas. Yo que sé... Sí, estúpido que soy.

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