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Parlamentarismo afuera de la Asamblea

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Parlamentarismo afuera de la Asamblea

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¿Cuál es el sentido de tener una Asamblea Legislativa? En las democracias modernas, los diputados son representantes de los ciudadanos. Son ellos, mediante voto directo, que eligen a sus delegados para que defiendan sus intereses colectivos. Eso se logra mejor cuando hay una mejor identificación entre el representante y sus representados. Se logra mejor cuando se trata de distritos pequeños y el diputado puede ser identificado y auditado por sus electores. Solo así se logra evitar votaciones que vayan en contra de la comunidad. Hacerlo equivale a una muerte política, porque jamás volvería al puesto con los votos de las personas que acaba de defraudar (o traicionar).

En El Salvador tenemos un sistema representativo que no es precisamente fiable en cuanto a la auditoría que los ciudadanos puedan ejercer. Por ejemplo, ¿a quién pueden reclamarle, por ejemplo, los habitantes de San Marcos? ¿Quién es el representante en la Asamblea Legislativa de los habitantes de Aguilares?

San Marcos y Aguilares tienen a los mismos 24 diputados que también tienen los otros 17 municipios del departamento de San Salvador. De acuerdo con la ley vigente, los diputados se asignan por departamentos y de acuerdo con su población. Y como San Salvador es el más habitado, tiene casi un tercio de las curules.

Sin embargo, esos 24 diputados representan a todos los habitantes del departamento de San Salvador en general, pero a nadie en particular.

Entonces, ¿quiénes son los diputados, en realidad? Se organizan en bancadas legislativas (grupos parlamentarios, les dicen hoy), pero no en función de los departamentos que representan, sino alrededor de su partido político, de modo que son los partidos los que tienen cuotas de poder dentro de la Asamblea Legislativa y no los departamentos.

Entender esto es vital para saber cómo funciona nuestro gobierno.

En la Asamblea, entonces, no hay, en la práctica, representantes de los ciudadanos, sino votos de los partidos políticos.

La fuerza que cada partido tiene en la Asamblea Legislativa depende del apoyo que recibió en las urnas.

Y así como están las cosas, los únicos que, de manera pragmática, podrían decidir qué pasa en el país son las dos fuerzas mayoritarias: FMLN (que ahora también detenta el poder del Ejecutivo) y ARENA (que tiene la bancada con más diputados en el parlamento). Entre los dos superan por mucho los 56 votos requeridos para aprobar créditos y hacer elecciones de segundo grado (magistrados de CSJ, por ejemplo).

La llamada mayoría calificada es la expresión de mayor consenso en la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, las negociaciones para superar la iliquidez del gobierno y su crisis fiscal, además de la aprobación del Presupuesto (que si bien es una ley que solo requiere 43 votos, se vuelve necesaria la mayoría calificada porque hay que emitir deuda para complementar los gastos del Estado), no se realizan precisamente en la Asamblea Legislativa, sino que es una delegación de ARENA la que directamente negocia, de manera bilateral, con el Ejecutivo.

De esa manera, cuando los poderes reales en cada partido se sientan a negociar es que podemos tener alguna posibilidad de que salga algo nuevo, más allá del deseo de anulación del rival.

Hace 24 años, representantes de ARENA (entonces en el gobierno) y del FMLN (entonces como una fuerza guerrillera insurgente) se sentaron a negociar la paz de El Salvador, lo cual pasaba por una reforma de las instituciones nacionales.

El resultado fueron los Acuerdos de Paz, de donde surgió buena parte de la institucionalidad actual, pero también, de manera indirecta, la polarización de la que se alimentan las dos principales fuerzas políticas.

Superar esta polarización a través de la negociación de un acuerdo de agenda nacional a largo plazo es la nueva tarea que tienen nuestros representantes. Y ojalá que sea algo que se lo tomen en serio y con responsabilidad.

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