Lo más visto

Pasado el trance emocional, la realidad tendrá que ir imponiéndose

Que nadie cante victoria, porque este más bien es momento para calibrar la realidad y para reconocer que ésta es la que, en cualquier circunstancia, tiene la última palabra.
Enlace copiado
Enlace copiado
La muerte de Hugo Chávez ha desatado un fenómeno mediático que por momentos es sentimental y a ratos se vuelve truculento. Es cierto que mucha gente en Venezuela y en otros países del entorno ha respondido con gran emoción a este deceso, como es natural cuando un ejercicio de populismo extremo ha venido repartiendo beneficios con una liberalidad desbordada; pero la experiencia enseña reiteradamente que el populismo de tales características no es sostenible por mucho tiempo, aunque se cuente con una chequera abierta como la que provee la inmensa riqueza petrolera venezolana, y la prueba inmediata de ello está en los graves y profundos problemas que sufre la Venezuela del presente, tanto en lo económico como en lo institucional.

Es claro que en el entorno chavista hay gran inseguridad y mucha alarma desde que la enfermedad terminal del caudillo se hizo evidente en 2011. Todo el manejo calculado que se ha hecho de su enfermedad y de su deceso lo demuestra sin ninguna duda. Y es que lo único que sostiene al chavismo es Chávez, aunque la marea de recursos y beneficios repartidos entre la población pueda dar la imagen de un apoyo también inagotable. En realidad, Venezuela está en crisis estructural e institucional, y trastornos como la violencia, la corrupción, la escasez, la devaluación y la inflación golpean al cuerpo social, más allá de los fuegos artificiales que el régimen pretende mantener.

Muchas y significativas lecciones deja esta experiencia venezolana, y no sólo para Venezuela, sino para todos nuestros países. Aunque de seguro el desmontaje de las distorsiones instaladas tomará su tiempo, no habrá forma de evitar el colapso si el régimen busca perpetuarse a cualquier costo, salvo que se haga del colapso forma de vida, como es el caso de Cuba. En Venezuela no hay desarrollo social, lo que hay es clientelismo social. El régimen ha lucrado políticamente con las necesidades ciudadanas, derramando recursos que debieron ser empleados justamente en potenciar un modelo verdaderamente solidario con base en el progreso y no en la dádiva. Si no hay productividad ningún rentismo, por bien financiado que parezca, logra sobrevivir en salud.

Por otra parte, todo este experimento les deja un mensaje directo a las élites y a los liderazgos tanto nacionales como regionales: tienen que poner en práctica la solidaridad con responsabilidad, para evitar que los cantos de sirena del populismo, cualquiera que sea la vestimenta que éste asuma, puedan inducir fórmulas fantasiosas y modelos antidemocráticos. Es decir, aquí hay enseñanzas de diversa índole, que deberán convertirse en pautas de comportamiento político, económico y social de ahora en adelante. Nadie sale de estas experiencias traumáticas sin recibir sus respectivas moralejas.

En Venezuela, el poder enquistado hace y hará todo lo que considere indispensable para perpetuarse. Ya está visto con la forma en que ha sido tratada la Constitución Bolivariana, que supuestamente es sacrosanta para los que la dictaron a su medida. Sin embargo, lo que viene es imprevisible en sus consecuencias inmediatas, aunque de final perfectamente previsible. El chavismo sin Chávez no tiene futuro. Y un cadáver embalsamado es la imagen visible de ello.

Que nadie cante victoria, porque este más bien es momento para calibrar la realidad y para reconocer que ésta es la que, en cualquier circunstancia, tiene la última palabra. Que todo al final sea para bien de la democratización que sigue avanzando en nuestra zona, pese a las duras pruebas.

Tags:

  • chequera abierta
  • en realidad
  • nuestros paises

Lee también

Comentarios