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Paso lento y gestión gubernamental

Ninguna novedad. La CEPAL, en sus pronósticos de crecimiento para 2017, ubica por enésima vez a El Salvador como el de peor desempeño económico en el Istmo Centroamericano.
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La expansión del PIB se estima en 2.5 % mientras en el resto oscilaría entre 5.6 % en Panamá y 3.4 % en Guatemala. Igualmente, en materia de inversión extranjera revalidaríamos el título con un flujo que solo representa el 3 % regional. Sí, le sacamos una enorme ventaja a Venezuela, donde se anticipa un decrecimiento económico del 7.2 %, que sumado al de 2016, acumularía una contracción de 25 %. Excelente ejemplo a seguir, ¿no?

Pero el gobierno se llena de regocijo cuando nuestra economía crece un 2 %. En esto no deja de tener razón, porque aspirar a un mayor dinamismo significaría activar sus motores y esto no se logra solo invocando el patriotismo, a través de engañifas para estimular inversión extranjera o arraigar la nacional y, menos, con el discurso venenoso. De poco o nada sirven vender la “marca país”, los viajes frecuentes de promoción de personas cuestionadas a países gobernados por regímenes ideológicamente afines al partido gobernante y, menos, las grandes pensadas como la de la LNB al montar un insulso show internacional; mientras se atenta contra la institucionalidad y se tolera la corrupción. Esto y más no hace sino afincar la idea de que el gobierno está más interesado en promover su ideología, que la democracia, el bienestar general y la paz social.

Resulta un ejercicio estéril desmenuzar el impacto sectorial en nuestra alicaída actividad productiva, pero no sobra destacar el hecho que se mantiene a flote por las remesas, los recursos de dudosa procedencia y el excesivo consumo al cual contribuyen mucho precisamente esos flujos. Pero una eventual expulsión masiva de compatriotas, no cabe duda, empeoraría las cosas. En cambio, las exportaciones no repuntan, a pesar del esfuerzo tesonero de los empresarios del sector. COEXPORT, en un evento reciente, daba cuenta que el país vendió en el exterior durante 2016 un poco más de $5 mil millones, cifra que la gremial se había fijado como meta para 20 años atrás. Algo ha de haber pasado para que el país campeón de la apertura comercial en Centroamérica tenga ahora la base exportadora más endeble relativa al PIB.

Dadas las condiciones actuales y sin conocer las perspectivas de crecimiento sectorial, llama la atención el optimismo que mantienen gremiales y empresarios vinculados con la construcción. Y esto es alentador. Se han publicitado importantes inversiones para potenciar el turismo, la construcción en altura y complejos habitacionales de interés social. Ciertamente su contribución al PIB apenas ronda el 5 %, pero envía señales de confianza en el país, tiene un efecto multiplicador muy importante, genera mucho empleo directo y demanda poco componente importado. Por algo Juan Pablo II lo llamó la “industria del desarrollo humano”. Pero su desarrollo también demanda la provisión eficiente y eficaz de bienes y servicios públicos, una tramitología más laxa y no divorciada de las exigencias de un ordenamiento urbano sustentable. No es un ejemplo feliz la construcción de un enorme edificio de apartamentos enfrente de la Residencia Presidencial, independientemente de las barreras ideológicas del inquilino de turno.

Con todas sus virtudes, tampoco hay que ignorar que la construcción, como todo aquello que altere el estado natural de las cosas, también genera “externalidades negativas”, como en este caso la intensificación del tráfico vehicular, el deterioro ambiental e incluso de la tranquilidad y seguridad del vecindario. Por eso se impone un estrecho grado de coordinación –algo que parece no existir– entre las entidades públicas que tienen que ver con el desarrollo de la actividad y los proveedores de los servicios privados, para minimizar sus daños colaterales. Tampoco hay que ignorar la porosidad de la actividad inmobiliaria al narcolavado y su facilidad para generar una burbuja. La RSE también debe practicarse como en ningún otro sector, pero por experiencia propia, pienso que esto no todos lo hacen. Pero por supuesto, mantenemos la confianza en nuestros empresarios.

PD (1) Señor Maduro: busque otro patio trasero, porque...
 

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